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LIC. ROSA ICELA RODRÍGUEZ,

SECRETARIA DE GOBERNACIÓN:

 +No se puede tapar

 el sol con un dedo.

Refrán Popular

Teuchitlán en el presente

La precisión y la coherencia cuentan y mucho en el manejo de la información durante el manejo de una crisis. En el caso del rancho Izaguirre, en Teuchitlán, la presidenta Sheinbaum y el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, han caído en contradicciones con respecto a lo expresado por otras autoridades y ciudadanos.

A pregunta expresa de la mandataria, don Omar respondió que la Secretaría a su cargo no tenía conocimiento sobre personas fallecidas en el rancho; en cuanto a restos humanos, adujo que la FGR lo determinaría, pero por ahora “no lo tenemos confirmado”. Es claro que no se sabe cuántos asesinatos se cometieron en el rancho, pero de que los hubo, los hubo. Mire, doña Rosa Icela:

Minutos antes de la pregunta presidencial, el licenciado Harfuch había informado que, en su declaración inicial, Jorge Gregorio Lastra “El Lastra”, comandante en el rancho por parte del Cártel Jalisco Nueva Generación, había confesado que en el predio se dio el entrenamiento de los reclutas y en algunos casos se llegó a la tortura y el asesinato.

Lo comunicado en la mañanera del lunes no consideró que desde el 5 de marzo, los Guerreros Buscadores de Jalisco informaron del hallazgo de restos humanos y una semana después, la Fiscalía Estatal de Jalisco reveló que hasta ese momento había ubicado seis “lotes óseos” en cuatro espacios. Para el 20 de marzo, el fiscal General de la República confirmó la existencia de restos humanos; lógicamente, no dio una cifra exacta porque todavía no la hay.

La 4T está tan preocupada por las etiquetas agregadas a la barbarie de Teuchitlán que la supuesta mesura más parece un esfuerzo por minimizar la tragedia. Según la Real Academia de la Lengua, la palabra exterminio es la acción y efecto de exterminar, cuyos sinónimos son aniquilación, genocidio, pero también masacre y matanza. Y pregunto por tercera vez en este espacio, ¿con cuántos muertos ya califica como exterminio? O, por aquello de las connotaciones, ¿lo dejamos en masacre? ¿O le bajamos a matanza?

Que Teuchitlán no se convierta en Ayotzinapa dependerá del rigor con que la FGR analice las evidencias encontradas, obtenga más información de “El Lastra” sobre las fosas en donde depositaron los cuerpos y, sobre todo, que siga escarbando en el predio; no se puede asumir que los restos encontrados a flor de tierra son todos los que hay.

El apelativo que usemos para etiquetar a Teuchitlán es lo de menos, lo relevante es que los desaparecidos no vuelvan a desaparecer.

Teuchitlán en el futuro

Como suele pasar en este país, somos buenísimos para los diagnósticos, pero malos para implementar políticas públicas y pésimos para movernos a la acción.

Por lo menos desde 2020, el reclutamiento de niños y niñas (NNA) por parte del crimen organizado ya había encendido las alertas en portales como InsightCrime, en ONGs como Reinserta y la academia. En 2021 y a nivel gubernamental, por ahí hubo un grupo de trabajo conformado por el DIF, la SSPC, la CNDH y el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, pero todo quedó a nivel de observatorio y recomendaciones “para enriquecer las políticas públicas”. O sea, nada en los hechos.

Así llegamos a 2024, cuando la SEGOB elaboró el informe Mecanismo Estratégico del Reclutamiento y Utilización de Niños y Niñas por Grupos Delictivos y la Delincuencia Organizada. Pese a sus problemas epistemológicos y de redacción (empezando por el título), es rescatable que el documento plantee la urgente necesidad de crear “un grupo interinstitucional que abone a prevenir, atender, sancionar y erradicar el reclutamiento y utilización de NNA por parte de la delincuencia organizada, (…) generando políticas públicas eficientes y eficaces”.

El documento perfila cuáles dependencias de gobierno trabajarían en cada uno de los cinco pilares: normativo, entorno seguro, prevención, atención y persecución; y, ¡oh, sorpresa!, incluye a la sociedad civil organizada y a los medios de comunicación. Para cada pilar enlista los objetivos, describiendo en términos muy generales qué se tiene que hacer, pero no cómo, en qué orden, ni cuánto costaría; quiero suponer que ello lo desarrollaría el grupo interdisciplinario de trabajo. O sea, seguimos con nada en los hechos.

No obstante, licenciada Rodríguez, valdría la pena que la dependencia a su cargo retomara el Informe a fin de no empezara de cero; claro, suponiendo que les interese detener el reclutamiento.

Ahora bien, la sociedad también se tiene que hacer cargo de la responsabilidad que le toca. ¿Qué hace a un niño vulnerable a la cooptación por parte del crimen organizado? Según el Informe, el 70% de los menores reclutados vienen de entornos de violencia intrafamiliar, abuso sexual, físico y/o psicológico y 60% pasaron su infancia en comunidades con altos índices de violencia y criminalidad. Y el reclutamiento empieza a edades tan tempranas como los seis años…

Teuchitlán no es el primer campo de reclutamiento. Por lo menos que nos sirva de amargo recordatorio para impedir más brutalidades.

Con la colaboración de Upa Ruiz

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