Minuto a Minuto

Nacional Advierten por frío en CDMX el miércoles 14 de enero; activan alertas Amarilla y Naranja
Autoridades de la CDMX activaron las alertas Amarilla y Naranja en cinco alcaldías por las bajas temperaturas previstas para el 14 de enero
Nacional ¿Cómo va el caso contra Uriel R., señalado de acoso a la presidenta Sheinbaum?
Uriel R., señalado de acoso sexual contra la presidenta Claudia Sheinbaum, tuvo dos audiencias este martes 13 de enero
Economía y Finanzas Los trabajadores hoteleros y restauranteros recibirán cursos de inglés por el Mundial
Las capacitaciones concluirán con una evaluación en línea para certificar el nivel de inglés adquirido por los empleados
Nacional ¿Quiénes les dan razón a Trump?, por Isabel Arvide
La omisión como sinónimo de complicidad en Tulum
Nacional Depresión afecta a 3.6 millones de mexicanos, pero más de la mitad no están diagnosticados
La depresión no debe confundirse con la tristeza cotidiana, pues implica un deterioro sostenido en la vida diaria

Hay dos caminos:

1. Si queremos mantener y mejorar la gobernabilidad del régimen presidencialista, debemos poner un freno a la fragmentación y a la falsa pluralidad, que dispersa el poder sin mejorar la representación.

2. Si queremos seguir adelante con la fragmentación y la dispersión del poder, quizá debemos dejar el régimen presidencialista y establecer uno parlamentario, donde el proceso mismo de alianzas entre fuerzas diversas construye gobiernos de mayoría que duran en el poder mientras la alianza se conserva y caen cuando la alianza se rompe.

Me cuesta mucho trabajo imaginar en un régimen presidencialista histórico como el mexicano cambiar a un régimen parlamentario sin que medie una grave crisis previa de gobernabilidad. En todo caso, me parece imposible plantear algo sólido en esta materia que pueda ejercerse en las elecciones del año 2018.

Lo que hay que reformar por lo pronto es el régimen presidencialista devolviéndole algo de la fuerza institucional que le hemos quitado.

Para eso hay que echar un poco la máquina atrás y detener el proceso de fragmentación, sin cerrar las puertas a nuevos contendientes, pero creando nuevas instancias donde puedan construirse las mayorías que no se consiguen a la primera.

Como han dicho ya Jorge Castañeda y Leo Zuckermann, la figura por excelencia de ese proceso en un régimen presidencial es la segunda vuelta.

Cierto, la segunda vuelta aplicada solo al Poder Ejecutivo, y no al Legislativo, produciría un horizonte de conflicto permanente entre un Ejecutivo con mayoría absoluta en su elección de la segunda vuelta, pero con minoría en el Congreso obtenida en la primera.

Aún así, podría ser una medida transicional hacia una solución más compleja, incluyendo el posible paso a un régimen parlamentario.

Lo que urge es una reflexión cabal sobre el tipo de democracia que queremos y el tipo de régimen político que se aviene mejor con nuestras diversidades y diferencias.

Todo esto ameritaría, creo, abrir una consulta nacional de gran espectro, como la que preparó la reforma del 77.

La sola discusión de estas cosas traería un aire fresco a nuestra rebasada democracia. Ya sería ganancia poder discutir públicamente algunas ideas al respecto.

[email protected]