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Los gobiernos aliados de López Obrador y Chávez cometieron cada cual un error que, a Venezuela, ya le está costando un dinero casi impagable; y a México le faltan años para verlo: allá, destruir PDVSA, aquí, cancelar a dedo el aeropuerto de Texcoco.

Venezuela es hoy un país arruinado y una nación desmoralizada por la intervención extranjera, porque, en 2003, Chávez despidió a los 17 mil 871 técnicos de la petrolera estatal PDVSA, porque eran “neoliberales” y los sustituyó por seguidores suyos sin preparación.

El sistema petrolero venezolano fue devastado y PDVSA se hundió. En 2013, Venezuela ya no pudo producir más gasolina y tuvo que contrabandearla en Irán, porque jamás pudo abastecer ni siquiera la demanda interna de combustible.

Cuando Chávez echó a los 17 mil 871 técnicos “neoliberales”, PDVSA producía 3.5 millones de barriles diarios. Hoy, con los “compañeros del movimiento” que sustituyeron a los profesionales, produce poco menos de un 900 mil barriles.

Con la intervención de EU, tras la captura de Maduro, las petroleras estadounidenses han descubierto una realidad aterradora: se necesitan 100 mil millones de dólares, de arranque, para reactivar  PDVSA, y 20 años para recuperar la inversión.

Las empresas estadounidenses dicen que, sin certeza jurídica, no le entrarán a un negocio tan caro, pues deben reparar todo el sistema eléctrico, devastado por el chavismo, y contratar técnicos extranjeros que reemplacen a los “compañeros del movimiento”.

Además, PDVSA carece de disolventes, software y de sistemas de seguridad en sus instalaciones, arruinadas por los preceptos ideológicos del chavismo impuestos a la producción del país: “10 por ciento de capacidad y 90 por ciento de lealtad”. El futuro es oscuro.

La decisión de destruir PDVSA y la cancelación del NAIM responden a cambios políticos drásticos, que ocurren en las naciones cada sesenta o 100 años en promedio: los pueblos entran en un trance de vocación de abismo, al seguir a dirigentes mesiánicos.

Por cancelar el NAIM, cuatro generaciones de mexicanos más pagarán cinco mil millones de dólares por indemnizaciones. Financial Times la consideró “la peor estupidez de un gobierno en la historia económica”.

Hasta la cancelación, México crecía 2.5% anual, pero en 2019 quedó en cero, y, seis años después, en 2025, igual quedó en cero. Ningún país puede superar una hecatombe económica de ese tamaño: tiró la economía, como nunca antes en 100 años.

El NAIM cuesta cinco mil millones de dólares por indemnizaciones, lo cual se suma al temor que desde entonces tienen los empresarios al riesgo de invertir en México: riesgo agudizado por la reforma judicial, que canceló la certeza jurídica en el país.

Cada gobernante carga su error histórico: Chávez con PDVSA, López Obrador con el NAIM.

Juntos, hasta en eso.