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Cachetones y comportándose como si no fueran principales responsables de la huida de decenas de miles de sus empobrecidos y reprimidos gobernados, los dictadores de Cuba y Venezuela, Miguel Díaz-Canel y Nicolás Maduro, asistieron a la cumbre de la indignidad, que no otra cosa fue la bautizada con el eufemístico Encuentro de Palenque por una Vecindad Fraterna y con Bienestar.

Departieron con ellos el caradura presidente de Colombia, Gustavo Petro (cuyo hijo Nicolás admitió ante la fiscalía de su país haberse clavado narcoaportaciones destinadas a financiar la campaña política de su padre); el premier del malogrado Haití, la presidenta de la depauperada Honduras y el anfitrión, Andrés Manuel López Obrador.

Los seis encabezan gobiernos de naciones crónica y crecientemente expulsoras de seres humanos carentes de oportunidades de trabajo digno, amenazados o víctimas de la delincuencia y, con excepción de México y quizá Colombia, de persecuciones políticas.

La cumbrecita fue desairada por los mandamases de Guatemala, Ecuador, El Salvador, Belice, Costa Rica y Panamá.

Según López Obrador, se trató de trabajar “en equipo” para combatir “las causas” de la migración.

De Cuba, dijo, se acordó promover un (improbable) “diálogo bilateral” entre el régimen castrista y el estadunidense.

Acordaron 13 rolleros “compromisos” más irrealizables que las peticiones de niñas y niños pobres a los Reyes Magos.

Varios son tan hilarantes como “exhortar a los países que son origen, tránsito y destino a que implementen políticas migratorias integrales que respeten el derecho humano a migrar, resguardando la vida y la dignidad de las personas migrantes y sus familiares, e incluyendo la promoción de acciones de regularización permanente que permitan potencializar las contribuciones de las diásporas en sus comunidades de origen y destino”.

Sin el menor pudor, solicitarán a los países de destino (¡solo es uno!) “la ampliación de las vías regulares, ordenadas y seguras de migración…” (en México se obliga a caminar a los migrantes desde Tapachula hasta la frontera con EU).

No se atrevieron a llamar pan al pan y vino al vino: los de “origen” son casi todos los latinoamericanos, los de tránsito son los de Centroamérica y desde luego México, y el de “destino” se llama Estados Unidos de América.

Y como si los programas sociales de la 4T inhibieran la emigración de mexicanos hacia EU, AMLO se comprometió a impulsar en Cuba, Belice y Haití Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro, que de nada han servido para evitar el escape de millares de personas tanto de México como de El Salvador, Honduras y Guatemala.

Para tranquilidad de Díaz-Canel y Maduro, en ninguno de los generalizadores y demagógicos acuerdos figura la palabra democracia y es evidente que los amigochos no hicieron ejercicio alguno de autocrítica.

Pero eso sí, todos aludieron a Estados Unidos como si fuera el responsable o corresponsable del fracaso de sus gobiernos para contener o evitar la migración…