Aunque le son características insensateces y copiosas pifias, no deja de pasmar la resignación con que Hugo López-Gatell asume la súbita demanda y consecuente insuficiencia de insumos para detectar el virus de la peste: “En México está ocurriendo algo parecido a Estados Unidos.

Las personas quieren tener una prueba Covid.

Esto puede representar un problema para el mundo entero, porque la capacidad de fabricar pruebas Covid es limitada. Si todas las personas que tienen tos, que tienen dolor de garganta, se aceleran a ir por una prueba Covid, lo que va a ocurrir es que se van a angustiar porque van a estar en una fila, en un laboratorio público o privado esperando recibir una prueba Covid, pero además le van a restar la oportunidad de tener una prueba Covid a una persona que por razones médicas es imprescindible que se determine si tiene o no Covid.

La escasez de pruebas es mundial”, dijo ayer.

“En lugar de correr al quiosco a hacerse una prueba, lo que hay que hacer es quedarse en casa para evitar contagiar a otras personas”, recomendó.

Lo que quiso decir fue ¡sálvese quien pueda!, lo mismo que se impuso desde el inicio de la pandemia. Si bien es cierto que el temor (dentro y fuera de México) de haber contraído la enfermedad incrementa la demanda de pruebas, también lo es que se tiene derecho a saber si es una gripe común o el que para este gobierno es un triste covidcito (“Pedro Miguel, nuestro amigo, nos hizo favor de sintetizarlo”, agradeció el Doctor Muerte), incapaz de causar estragos pulmonares.

En Estados Unidos tampoco está siendo fácil hacerse la prueba (que aquí se ha escamoteado siempre), pero el gobierno de Joe Biden se apresta a distribuir (nota de CNN del 8 de enero) “500 millones de pruebas rápidas gratuitas en todo el país. Los funcionarios ofrecieron pocos detalles, pero esperan lanzar un sitio web este mes, donde las personas puedan inscribirse para las pruebas en línea y luego recibirlas por correo…”.

Aun en las tacañas proporciones y menores capacidades del gobierno mexicano, sería iluso pensar que algo por el estilo, siquiera para una décima parte, se le ocurra a López-Gatell.

Sigue rigiendo la cándida “estrategia” de hace año y medio (junio de 2020), cuando el presidente López Obrador sugirió seguir un hilarante decálogo de previsión que de nada sirve a los sobrevivientes de Covid (comenzando por él): Actuar con optimismo, darle la espalda al egoísmo, ser más solidarios, no tener actitudes racistas, discriminatorias ni sexistas; dejar atrás el materialismo y alejarse del consumismo; buscar un camino de espiritualidad, una utopía, un sueño, “algo que fortalezca”; bajar de peso, vivir sin estrés, no consumir “comida chatarra” y alimentarse con productos orgánicos.

“Si tienes adicción al tabaco y al alcohol, buscar tratamiento para eliminarlos”; hacer ejercicio, reforzar los valores culturales. “Defendamos el derecho a gozar del cielo, del sol, del aire puro, de la flora, de la fauna, y de toda la naturaleza”.

Va, y por si acaso un té…