Si de una muestra aleatoria de mil 187 millones de pesos de La escuela es nuestra que la Auditoría Superior de la Federación revisó del ejercicio fiscal de 2020 se ignora dónde quedó la mitad (552 millones), ¿cuánto dinero del que reparte a tontas y locas la Secretaría federal de Bienestar ha sido esquilmado del erario con el pretexto de remodelar y equipar destartalados planteles de enseñanza básica?

La información, revelada a principios del mes en curso, puso a flote la falta de mecanismos de supervisión, seguimiento, aplicación y comprobación de gastos, y confirma la turbiedad con que se manejan los recursos que, a través de los promotores del voto de Morena que fueron habilitados como “servidores de la nación”, se distribuyen por todo el país.

El modus operandi no puede ser más pedestre: el dinero se les entrega a los padres de familia de las escuelas con mayores deficiencias: jefes de familia que, por explicable desconocimiento, son presa fácil de vividores que prometen hacer obras que abandonan sin concluirlas o de plano jamás las inician siquiera y se pelan.

Con la idea de que sean los padres quienes administren esos fondos, a las autoridades educativas y a los maestros se les excluye de las decisiones y el manejo del dinero, dizque para evitar las intermediaciones.

Por lo mismo, la reparación de las escuelas no requiere de licitaciones y queda en manos de falsos “ingenieros”, sin que se obligue a nadie a presentar facturas y recibos para saber dónde quedó la bolota de dinero.  Tan solo en 2020, a La escuela es nuestra se le destinó un presupuesto de 7 mil 250 millones de pesos. Con la muestra referida, bien puede suponerse que de más de 3 mil 500 millones nadie nunca sabrá su destino.

El atraco a la nación aumentará de manera significativa con la miserable decisión de desaparecer las Escuelas de tiempo completo, ya que los gastos de al menos dos raciones de alimento al día para 36 millones de niñas y niños pobres, más el pago extraordinario a profesores, se destinará al clientelar plan La escuela es nuestra.

Por esto mismo, ¡albricias!, los representantes de Morena, del Partido Verde y del Trabajo en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados, en alianza con las cinco bancadas de la oposición, resolvieron hacer frente común en la defensa de las Escuelas de tiempo completo para solicitar a la Secretaría federal de Educación reconsidere su decisión de matarlas.

El problema es la desconfianza que suscita la señora Delfina Gómez, tanto porque aniquila lo que su predecesor (Esteban Moctezuma) tanto elogió como un exitoso sistema establecido en 2007, como por su delincuencial conducta personal cuando se desempeñó como alcaldesa de Texcoco, descontándoles durante tres años a medio millar de empleados del ayuntamiento el 10 por ciento de su salario para invertirlo en su carrera política.

Notable, plausible paso de esos tres oficialistas frente al ominoso silencio de sus coordinadores de fracción…