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Los nuevos libros de texto gratuito y el debate generado se deben a la perversidad del director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación, Marx Arriaga, quien hizo creer al presidente López Obrador que con ellos asegurará un sustento pedagógico a su pretendida “revolución de las conciencias”.

Según el faccioso machuchón, los anteriores libros (los mismos que estuvieron vigentes hasta este año) alentaban una formación escolar individualista, egoísta, capitalista, racista y discriminatoria.

No solo: en mancuerna ideolo-pedagógica con el venezolano chavista-madurista Sady Arturo Loaiza, el tardío Marx local inventó una patraña que AMLO hizo suya y suele repetir en su empeño por reivindicar valores que supone “se habían perdido durante el periodo neoliberal”.

Para defender los libros de enseñanza básica que se utilizarán a partir del ciclo escolar que comenzará el 28 de agosto, el Presidente arguye:

“No querían que se conociera nuestra historia. Se empezó a hacer a un lado la historia y se quitó el civismo, la ética, porque los libros eran acordes con el modelo predominante, más enfocado a lo privado, no a lo público; un modelo más enfocado a lo material, hacia el egoísmo, no hacia la fraternidad y a la solidaridad…”.

Y también:

“Claro que se van a inconformar, pero tenemos que seguir fortaleciendo la revolución de las conciencias porque lo único que va a quedar y no van a poder borrar es lo que vaya al pensamiento…”.

Arriaga no le informó que para el primero, segundo y sexto grados de primaria, los niños llevaron hasta este año los libros Formación Cívica y Ética, desde cuyas portadas fue claro el propósito de inclusión con fotografías de menores de ambos sexos, de aspecto pulcro y modesto (si no es que pobre), con su lápiz y libreta, cortes de pelo afro y punk, rizados y lacios, cargando sobre la cabeza una batea; con y sin lentes, uno con discapacidad y en silla de ruedas, otro con lentes esforzándose por ver y una pequeña indígena con su atuendo bordado típico.

Pues para no creerse: aunque el artículo Tercero constitucional exige que la educación que imparta el Estado esté apegada al avance del conocimiento científico, la “nueva escuela mexicana” quiere que los saberes y tradiciones de la comunidad tengan el mismo peso y validez de la ciencia.

Y pese a que López Obrador afirma que lo que se busca es una instrucción “científica y humanista”, en sexto grado se llevará el libro Múltiples Lenguajes, en donde se ensalza… el chamanismo:

En cuatro páginas ilustradas, niñas y niños a punto de la secundaria sabrán que los mara’akame son “personas que curan con sus cantos”; hombres viejos y “sabios” conocedores “de la tradición y de los secretos antiguos”, a quienes “la gente respeta porque, entre otros dones, es capaz de curar con su canto las enfermedades (…) del cuerpo o del espíritu”.

Chamanes que desde luego “comen peyote” para “contactar a los dioses y obtener la sabiduría de la cultura huichol”.

Impóngase, pues, y viva la superchería…