Como a Michoacán, que desairó mientras gobernaba el perredista Silvano Aureoles, el presidente López Obrador debió prestarle atención a Zacatecas mucho antes, cuando mandataba el priista Alejandro Tello, quien clamaba su apoyo y dejó “constancia de mi solicitud reiterada de que Zacatecas vive momentos muy difíciles en un delito que va más allá de la capacidad instalada en su policía. Estamos al límite de las capacidades de lo que el Estado puede hacer frente a la delincuencia organizada”.

Por eso hizo “un llamado insistente a que el gobierno nos refuerce con la Guardia Nacional, que es la estrategia que el Presidente ha establecido y que, como antaño, tengamos la posibilidad de que el Ejército y la Marina estuvieran en nuestro estado”. Dos días después insistió: “Esperamos que en Zacatecas aumente la presencia del Ejército y la Guardia Nacional, tal y como ha ocurrido en Guerrero y Guanajuato…”.

Igual que al Michoacán que gobierna ya el morenista Alfredo Ramírez, el Presidente viajó a la principal entidad exportadora de pobres a Estados Unidos para brindar apoyo a su correligionario David Monreal (quien asumió el cargo el 12 de septiembre).

En la madrugada de su visita, un grupo delincuencial se mostró retador: a las tres y media de la mañana, matones con armas de alto poder acribillaron la fachada de la presidencia municipal y la comandancia de la Dirección de Seguridad Pública Municipal de Tepetongo (localidad de algo menos de siete mil 500 habitantes).

Las mismas instalaciones fueron atacadas antes dos veces: en abril durante el cambio de turno en que los policías repelieron la agresión y abatieron a uno de los sicarios, y el 3 de mayo en que la misma fachada fue rafagueada.

Por alarmante que sea, peor es lo que ocurre en la demarcación más mortífera del país, donde el martes aparecieron ocho colgados (y la semana anterior otros 10 en la municipalidad de Cuauhtémoc, también en Zacatecas).

Sin explicación, el presidente municipal de Fresnillo, Saúl Monreal, no fue convocado a la reunión con el Presidente. Se asume “un cero a la izquierda”, pero confía en que su hermano, el gobernador David, haya hablado anoche por todos los ayuntamientos, y no solo para pedir mayor presencia militar, sino políticas de prevención y combate a la criminalidad y trabajos de inteligencia más una eficiente coordinación con la Fiscalía estatal.

Si son de apreciarse las llegadas tarde, pero a tiempo a lo que más importe, en la visita de ayer y de cara a las matanzas, tampoco aplica el “más vale tarde que nunca”, porque pudieron evitarse quién sabe cuántas decenas de asesinatos.

En adelante y sin prejuicio político, AMLO debiera ir a todas las entidades en que la delincuencia reina y volcar el “poder de los poderes” (que afirma no tener) en auxilio de nutridas poblaciones que viven aterradas por la narcoviolencia.

Y es que, como bien lo ha reconocido, si su gobierno fracasa frente al matadero en vastas regiones del país, también habrá fracasado su “cuarta transformación…”.