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Flaco servicio le hace el presidente López Obrador al ministro Arturo Zaldívar al necear con la prolongación de su gestión al frente del Poder Judicial Federal más allá del límite fijado por la Constitución.

Mucho peor: continúa ofendiendo a los demás integrantes del Pleno de la Suprema Corte, descalificándolos para encabezar la transformación del sistema de impartición de justicia, lo mismo que a todos los magistrados y jueces del país, a quienes juzga incapaces y corruptos.

Al comentar el anuncio de Zaldívar de que emplazará a sus pares a una consulta extraordinaria para resolver de manera inmediata el bochornoso tema del transitorio que amplía dos años su mandato al frente del máximo tribunal constitucional y el Consejo de la Judicatura Federal, AMLO cometió la imprudencia de proferir:

“Lo que se aprobó en el Senado es que se amplíe su plazo como presidente de la Corte, que concluye ahora a finales, creo, de este año, y que se amplíe dos años porque, si se autoriza en el Poder Judicial —si no se declara inconstitucional lo que aprobó el Senado, que es que se amplíe este periodo—, continuaría dos años, y esto garantizaría la reforma que aprobó el Congreso, que significa que no haya corrupción, nepotismo, que los jueces no estén al servicio de los potentados ni de la delincuencia organizada ni de cuello blanco, y que los jueces estén al servicio del pueblo y haya defensores de oficio que defiendan al que no tiene para pagar un abogado”.

A la vez que afrenta a la totalidad de juzgadores mexicanos porque los imagina cómplices de criminales, el Presidente recurre a una premisa falaz, ya que no tienen por qué estar “al servicio del pueblo” sino de la justicia, y concluye con un sofisma tan burdo y contradictorio que parece chiste: “Él es libre, se trata de un poder autónomo e independiente”.

No es una reelección y “no puede por ningún motivo continuar como ministro.

No puede ya reelegirse…”. ¿Pues qué si no es para de facto reelegirse dos años podría Zaldívar tener su pilón anticonstitucional de poder? El desatino llegó a su clímax cuando el Presidente dijo que se trata de “un hombre íntegro y honesto. Si deja la presidencia (de la Corte), cualquier otro no podría llevar a cabo esta reforma.

Sencillamente porque la mayoría de los ministros no están pensando en la justicia. Piensan, si acaso, solo en el derecho. La mayoría de los ministros, que traen esa concepción conservadora del antiguo régimen, ¿cómo van a combatir la corrupción al interior del Poder Judicial si ellos la propiciaron…?”.

La despreciativa idea que AMLO tiene de los restantes diez ministros, además de arteramente ofensiva, es impertinente y contraproducente. Debiera reconocerles que por fortuna, “si acaso piensan”, solamente sea en el Derecho.

El insulto sobresalta porque a eso dedican su vida y para eso se les paga. De sentido común: la injuria se le puede revertir porque son precisamente esos ministros quienes determinarán si avalan como él pretende, violar la Constitución.