El chascarrillo de Hilario Ramírez Villanueva parece ser la espina dorsal de la política mexicana hacia su vecino poderoso: sí estoy violando el tratado, pero tú haces lo mismo
El agua es la encarnación viva de la memoria: siempre vuelve a los cauces que le son propios, para volverse a hacer de ellos, cualquiera que sea el tiempo que haya pasado desde que se los quitaron. Tal vez pensando en ello, el potosino Severiano Briseño Ambriz escribió en su canción “El Sinaloense” que es en esa tierra en que las olas braman furia.
Tierra brava, Sinaloa es donde surgió, se nutrió y está a punto de desmoronarse el movimiento que nunca pretendió ser partido: de Sinaloa, de manos de sus narcotraficantes, llegaron los maletines repletos de billetes verdes para financiar la llegada al poder de la llamada cuarta transformación. El narcogobierno que se niega a decir su nombre.
A cambio de la protección que los policías de uniforme o sin él daban al laburo del narco, el brazo armado de este se encargaba de intimidar a los presuntos candidatos de oposición para que abandonaran sus sueños de llegar al poder por el camino de las urnas. Urnas que los mismos truhanes rellenaron previamente, se robaron durante los procesos o alteraron las actas de su cómputo. Y todos lo sabían en Sinaloa; y en la capital.
Y el que crea que eso sucedía solamente en las tierras que van de Choix a Escuinapa —pasando por Navolato y Culiacán— no sabe de la geografía del crimen: la que no conoce fronteras.
“Pruebas, pruebas, pruebas”, seguía diciendo la señora presidenta con A de mujer, ante la petición norteamericana de detención provisional de Rubén Rocha Moya y Cía., encargados de gobernar su estado. Todo era cuestión de renombrar las cosas: el encubrimiento se llamaba ahora convicción de inocencia y la intocable soberanía nacional se llamó por un momento Rubén Rocha Moya y banda que le acompaña.
Las palabras, sometidas a uso excesivo, y a la leve pero incesante caricia de las aguas, acaban por perder su peso y su filo, su dureza definitoria. La soberanía de hoy ya no es como la de antes.
Se desgasta al primer atorón bravo.
Es aquel momento en que la presidenta con A de mujer cambia el discurso desempolvando las estadísticas, que son las mentiras con números y porcentajes. México se niega a cumplir lo que manda el tratado bilateral de extradición de delincuentes para que sean juzgados en el país que los pide. ¿Por qué? Porque los gringos no han entregado a casi 300 bandidos que México les ha pedido con base en el tratado ese.
Es cierto que robé, pero poquito, dijo el nayarita Layín, alcalde de San Blas. El chascarrillo de Hilario Ramírez Villanueva parece ser la espina dorsal de la política mexicana hacia su vecino poderoso: sí estoy violando el tratado, pero tú haces lo mismo.
Y tengo pruebas.
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El presidente de los Estados Unidos dijo ayer que ya tenía preparada para hoy miércoles la madre de todas las ofensivas de su país en contra de Irán, para escabecharse de un sopapo a toda una civilización.
Pero sus amigos del Medio Oriente, Qatar, Emiratos, Saudi Arabia lo habían convencido de posponer el ataque.
Un día, dos, tres… ojalá fuera para siempre, dijo Trump. A mi padre le oí decir que los viejos hablan de lo que hicieron y los pendejos de lo que van a hacer.
Desde Teherán, el gobierno iraní le contestó con una trompetilla, diciendo que negociar no es rajarse; que ellos nada más están negociando.
A Alá rogando, y con los drones dando.
