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La precampaña y el predebate fueron tiempos políticos perdidos.

La precampaña no pintó nada en el mapa electoral; más parecía un ensayo para para cuando tuvieran que salir al escenario. Luego en el inter para presentarse al debate, debió servir para hacer una revisión, sobre todo de lo que hicieron y no funcionó.

Al mismo tiempo, debieron haber trabajado a fondo con sus equipos de campaña, haciendo reingeniería en el cuadro de asesores y estrategas además de revisar a las empresas que contratan para que les manejen la imagen, les cuiden los defectos y saquen a relucir sus atributos a cambio de importantes cantidades de dinero. Los políticos suponen que entre más cobran esas empresas, son mejores. Nada más falso. Se trata de abusivos que venden espejos y vanidad, no preparación, eficacia y menos prestigio. Esta es época de bonanza para los llamados “mercadólogos”.

Un problema, entre otros, es que estos mercadólogos toman al cliente cual jabón de tocador e intentan venderlo caro con una tentadora envoltura.

La política entregada a la mercadotecnia termina en este caso, por alejar, cada vez más, a los candidatos de los electores.

Pues los despojan de su verdadero de su genuino “yo” y los transforman en robotines de aparador.

Los electores quieren ver a candidatos de carne y hueso, a seres humanos que, cuando se dejen tocar, ocurre el milagro, ese milagro que es la conexión que provoca una cierta emoción.

¡He ahí la magia!

¿Por qué unos candidatos logran despertar las fibras emocionales y otros no? Simplemente porque los que despiertan emociones, se salen del cartabón impuesto por la mercadotecnia.

Los electores son el universo de seres que están ahí, listos para ser conquistados con una simple sonrisa o un apapacho. Eso que retribuye más que aventarle una camiseta, una gorra y un rollo mareador con palabras que no entienden.

En las elecciones del 1 de julio, las más competidas hasta hoy en México, contienden dos candidatos independientes y tres coaliciones formadas por partidos en riesgo de desaparecer y que de no coaligarse, se perderían más temprano que tarde.

Su tabla de salvación son los tres partidos grandes: MORENA, PAN y PRI, aunque después de estas elecciones alguno de estos grandes, quedará en el olvido; y me refiero al PRI.

Desgastado, agrietado y despreciado por el 80% de los electores, este partido se juega el resto, con un candidato que no es priista, se disfraza de priista ¡y lucha porque los priistas lo reconozcan como priista! En la superficie y en el fondo siente un gran desprecio por la militancia purista y cada vez que resalta su no pertenencia al partido ofende a los que son sus miembros, quienes siguen creyendo en los valores de revolución y justicia social.

Que gran riesgo corre el Presidente Enrique Peña Nieto, “¡el primer priista del país” con esta apuesta para conservar el poder!

Hasta hoy, no le ha salido bien la jugada; pero cómo piensa ganar la partida con un presidente de su partido que es un merolico y con un candidato que jamás se ha dado un baño de pueblo. José Antonio Meade luce rígido, acartonado, monótono porque no cree en el partido que lo postula y tiene que negarlo cada vez que puede.

En sus mensajes al arranque de la campaña, aparece el candidato José Antonio Meade, vestido con traje negro con el ceño fruncido: ¿hablándole a los votantes con tono de reclamo y será que así logrará acercarse para convencer a los electores? No soy político, declaró en uno de sus spots iniciales, con lo que niega la esencia del servicio a los demás a través de la política.

Apenas ahora comienzan las campañas. ¡Las campañas negras y la ambición vulgar!

¿Cuántos mexicanos con credencial para votar, cambiarán de urna en la soledad de su conciencia?

Vivimos un proceso electoral plagado de irregularidades desde su inicio.

Un Tribunal electoral cargado hacia el PRI-gobierno, peleado con el Instituto Nacional Electoral y aceptando como candidatos independientes a personas que hicieron trampa para juntar el número de firmas exigidas para su registro.

Todo esto para abrir boca y asentar que, de aquí al día de la elección irregularidades sobrarán!

En este bendito país: ¡Digamos la verdad !