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La del 2021 será recordada como la campaña electoral más sangrienta de los últimos años.

Del 7 de septiembre de 2020, cuando comenzó oficialmente el proceso electoral, hasta ayer viernes 28 de mayo, han sido asesinados 23 candidatos, precandidatos o aspirantes; otros 2 desaparecieron, 3 murieron en accidentes y 4 murieron por enfermedad.

Por entidad, los aspirantes o candidatos muertos son:

En Veracruz, 7; en Jalisco, 2, uno desaparecido; en Chihuahua, 3, dos por enfermedad; en Guanajuato, 3; en Guerrero, 2; en Quintana Roo, 2; en Michoacán, 2, uno desaparecido; en Tamaulipas, 1; en Sonora, 1; en Baja California, Oaxaca, Chiapas y Querétaro, 1; en Nuevo León, 2, 1 en accidente y otro por enfermedad. En Sinaloa, 1 por enfermedad.

Por partidos:

Del PAN, 4, (2 en Veracruz, 1 en Guanajuato y 1 en Jalisco). Del PRI, 6, (1 en Oaxaca, Chihuahua, Veracruz y Michoacán); en Jalisco, 1 desaparecido; en Nuevo León, 1 por enfermedad.

Del PRD, 2, 1 en Guerrero y otro en Guanajuato.

Del Partido Verde, 2, 1 en Tamaulipas y un desaparecido en Michoacán.

De Morena, 9, 1 en Chiapas, Quintana Roo y Guerrero; 4 en Veracruz; en Jalisco, 1, que por accidente se disparó y 1 en Chihuahua, por enfermedad.

De Movimiento Ciudadano, 4, 1 en Cajeme, Sonora, 1 en Querétaro y en Guanajuato; 1 en Jalisco, por accidente.

De Redes Sociales Progresistas, 2, 1 en Quintana Roo y 1 en Sinaloa, por enfermedad.

De Fuerza por México, 2, 1 en Nuevo León, por accidente y 1 en Chihuahua, por Covid.

Candidato independiente, 1 en Baja California.

Este conteo lo tenemos por fecha y detalle de cada fallecido. Valga la precisión porque las cifras que se han difundido no son uniformes y porque el criterio también difiere. Hay quien cuenta desde antes de que iniciara el proceso electoral, en septiembre.

Aquí me he referido a quienes perdieron la vida. No se incluye a quienes fueron amenazados de palabra, por correo o en las redes. Tampoco a quienes les dispararon a sus autos o de sus acompañantes y simpatizantes o les rompieron los cristales.

No desestimo esos actos de intimidación pero consigno a quienes sufrieron consecuencias fatales. No es lo mismo quién murió a balazos que quien falleció por enfermedad.

En el caso de quienes fueron asesinados o están desaparecidos, las preguntas son ¿por qué y para qué lo hicieron? ¿a quién beneficia y a quien perjudica? ¿no aceptaron negociar con grupos criminales? ¿no aceptaron plata y les dieron plomo? ¿alguno no cumplió en algo?

Se debe investigar y se debe aclarar porque ocurrieron estos asesinatos.

Las campañas están por terminar y las autoridades no pueden ser omisas. Decenas de familias quedan en la orfandad y truncados los proyectos políticos de las víctimas y sus seguidores.

Hay asesinos materiales pero también intelectuales que deben pagar por sus crímenes.

Sobre este penoso tema, le preguntaron al presidente López Obrador. Lamentó lo sucedido pero no lució afectado. Asumió su resonancia “porque estamos en temporada electoral”.

Y como no había nadie a quien culpar, porque apenas investigan, se la cargó a los medios de comunicación, a los que acusó de enrarecer el ambiente y dar un papel relevante a la nota roja. Acusó de hacer amarillismo y sensacionalismo.

Aseguró que “hay una polarización política obvia, porque se agrupó todo el conservadurismo en contra de nuestro proyecto y los medios han tomado partido, todo se magnifica”. “Es normal, es un asunto de la temporada”.

Monitor republicano

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