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En dos días los británicos irán a las urnas para decidir su permanencia o salida de la Unión Europea (UE). Aunque los analistas coinciden en el impacto negativo que el llamado brexit tendría en la economía, las encuestas señalan un empate técnico. Como ocurre con Trump en Estados Unidos, entre los que prefieren abandonar la UE el enojo se impone sobre la racionalidad económica.

Ambos casos reflejan la búsqueda de una identidad frente a las distorsiones de la globalización. Rebasados por la locomotora del capitalismo global, tanto quienes apoyan el brexit como los que respaldan a Trump quieren recuperar una identidad nacional anclada en el pasado y en el rechazo a lo externo.

Por eso no sorprende que los apoyos a estas propuestas provengan principalmente de grupos de mayor edad y sectores de ingresos medios y bajos niveles de escolaridad.

La migración es la principal preocupación y molestia en Gran Bretaña (GB). Tras una prolongada crisis económica, los promotores del brexit le atribuyen el bajo nivel de los salarios y las crecientes presiones sobre los servicios públicos y la seguridad social. Liberarse de las políticas de la UE parece ser un requisito para controlarla.

Algo similar sucede con los partidarios de Trump. Ellos piensan que los migrantes roban sus empleos y que son beneficiarios inmerecidos de servicios públicos y factores de presión en el sistema de seguridad social.

Además, en los dos países, la inmigración es asociada con la pérdida de seguridad nacional.

El enojo también va dirigido hacia poderes que consideran ajenos y perversos. Bruselas es para los británicos lo que Washington para los seguidores de Trump. Los burócratas que sesionan desde la capital de Bélgica responden a intereses tan alejados de GB, como lo están los del establishment político en Washington para el pueblo estadounidense.

En contraste, para quienes se oponen al brexit o a Trump el aliado común es el miedo: al colapso económico en el primer caso y a la locura del demagogo en el segundo.

Aunque es probable que ni el brexit ni Trump triunfen, mientras no se mitiguen los males de la globalización, la polarización social seguirá replicándose en el planeta. Podría llegar el día en que el miedo a los movimientos antiestablishment no baste para contener el hartazgo y la desesperanza que provoca el “más de lo mismo”.