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Esta semana el Inegi dio a conocer datos del número de divorcios y matrimonios en México durante el 2019. Y hasta el año pasado se mantenían dos tendencias: más divorcios y menos, muchos menos, matrimonios.

Pero no hay duda que la pandemia del Covid-19 habrá también de modificar radicalmente esas cuentas. No cambiarán las tendencias. Pero claramente veremos muchos menos matrimonios, como consecuencia del confinamiento.

Y es posible que veamos también una disminución en el número de divorcios. No porque el confinamiento haya traído paz y armonía a los hogares, al contrario, la violencia intrafamiliar se ha incrementado, esto está comprobado con los reportes a los servicios de emergencia. Y es prácticamente un hecho que han aumentado las separaciones.

Pero los divorcios requieren de tortuosos procesos judiciales presenciales que también se interrumpieron por la contingencia sanitaria. Aquellos que tienen la urgencia de divorciarse, tienen que esperar su turno en los saturados juzgados familiares de todo el país que trabajan a media capacidad y con saturación total.

Así que la pandemia también afectó esa interacción de las parejas y ex parejas con el Registro Civil, para casarse, y con los juzgados para divorciarse.

En el mundo hay un proceso de divorcio muy estridente que ha perdido la atención por la pandemia. Incluso ha complicado a las partes en sus negociaciones y amenaza con convertirse en un caos político, económico y social cuando se cumpla el plazo fijado por ambas partes para concretar el alejamiento definitivo.

La Unión Europea y el Reino Unido fueron sorprendidos por la rápida expansión mundial del SARS-CoV-2 cuando iniciaban ya la fase final de divorcio, una vez concretada la fase de separación el 31 de enero de este mismo año.

Una vez que los británicos agarraron sus cosas y se salieron de la Unión Europea, ambas partes se pusieron como plazo el último día del 2020 para decidir quién se quedaba con el perro. Vamos, para fijar los términos de sus futuras relaciones comerciales, políticas, migratorias y demás.

Claro, es de suponer que hay madurez entre las partes y podrían fijar una nueva prórroga para el divorcio en el entendido de que no ha sido su culpa que los abogados no se puedan sentar cara a cara a negociar los términos del finiquito de la relación, porque apenas unos días después de la separación vino el confinamiento por la pandemia.

Pero, dicen que no se conoce a la pareja en la boda, sino en el divorcio y esta unión que duró 47 años empieza a enfrentar en estos nueve meses de separación pleitos legales importantes.

La Comisión Europea inició un proceso legal en contra del gobierno británico por violar los términos del acuerdo de retirada de la unidad. Y es que el gobierno del primer ministro Boris Johnson implementó una ley del mercado interno que viola lo pactado con la Unión Europea respecto a la situación de Irlanda del Norte.

Esta acción legal, ante ese supuesto incumplimiento británico, complica la relación entre las dos partes que pueden acercarse a la fecha final de rompimiento sin acuerdo y eso implicaría mayor inestabilidad mundial. Como si no tuviéramos suficiente con la Covid-19.