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A diferencia de lo que se ha visto en otros países de la región, las protestas en Bolivia que desembocaron en golpe de Estado no tienen raíces económicas. Con un crecimiento promedio de 5 por ciento anual en la última década y una importante reducción de la pobreza, la de Evo Morales es una historia de éxito incuestionable.

Las causas de las protestas en Bolivia se encuentran en el ámbito político. Al cambiar las reglas del juego para reelegirse una y otra vez, Morales alimentó la percepción de que se eternizaría en el poder. El problema no fue haber gobernado 14 años, pues eso ocurre hasta en las democracias más avanzadas, sino el cambio reiterado de las reglas del juego, con el que Morales mandó la señal de que la alternancia por la vía electoral sería imposible.

Pero la historia aún no termina. El nuevo gobierno deberá pacificar un país dividido y enfrentar una situación económica más complicada. Su margen de maniobra para convocar a los muy decepcionados seguidores de Evo y, a la vez, satisfacer las expectativas de quienes ya no lo querían en el poder será muy estrecho, sobre todo porque la inestabilidad afectará las perspectivas económicas de Bolivia.

Sin espacio para endeudarse más por el elevado déficit en las finanzas públicas —superior a 8% del PIB— y sin la bonanza en el mercado mundial de materias primas, el crecimiento conseguido por ese país en los últimos años difícilmente será replicable. En tal escenario, el legado económico y social de Evo se verá aún más grande.

Por ello, no sería extraño que, después de un tiempo de asilo y pese al intento de perpetuarse en el poder que acusa una parte de la ciudadanía boliviana, Evo regresara triunfante a su país. Ahí está de vuelta el peronismo en Argentina, después del fracaso de Macri para echar a andar la economía.

No olvidemos que Evo Morales es uno de esos líderes latinoamericanos capaces de generar movimientos que perduran por décadas. Simboliza al hombre fuerte, carismático, que dio voz y representación a quienes habían sido marginados, como en su momento lo hizo Cárdenas en México, Perón en Argentina o Chávez en Venezuela.

Evo es uno de esos caudillos que con el tiempo se convierten en leyenda.