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El milagro mexicano está en mantener expectativas de atracción de inversiones financieras e industriales a pesar de tener destellos políticos de país bananero.

Estamos en la ola mundial de tasas inflacionarias altas y de una desaceleración hasta una eventual recesión el próximo año, por seguir la suerte de Estados Unidos.

Pero esa misma vecindad y sociedad con el principal mercado de consumo del mundo hace que México tenga expectativas de desarrollo industrial positivas.

El acuerdo comercial con América del Norte, ese que pasó del TLCAN al T-MEC, ha sido en más de una ocasión la tabla salvavidas de la economía mexicana en tiempos difíciles.

Tras la crisis financiera de 1995 el comercio exterior norteamericano fue la salida para recuperarse tras la brutal caída económica y ahora, tras la pandemia, el principal motor de recuperación ha sido, otra vez el sector exportador.

Pero esa, la gallina de los huevos de oro, con todo y la nueva ventana de oportunidad de aprovechar la lejanía física y diplomática de Estados Unidos y China tiene lastres internos importantes.

El nivel de integración sería superior tras la firma del T-MEC si México no arrastrara esa visión retrógrada del gobierno actual de estatizar y monopolizar la industria energética. Canadá y Estados Unidos tienen un pacto energético del que nuestro país quedó marginado.

Hay otras tantas trabas comerciales, como la que inventó la 4T a los cultivos genéticamente modificados que también amenazan esa relación.

Y en el mundo financiero global, México participa con una de las monedas emergentes de mayor transaccionalidad.

Con la velocidad a la cual se pueden mover los capitales, hoy los instrumentos financieros denominados en pesos son altamente atractivos, sobre todo por ese diferencial en las tasas de interés con Estados Unidos que alcanza para cubrir el riesgo país y brindar buenos rendimientos.

Pero hay que entender que las condiciones financieras pueden cambiar rápidamente y un giro por las condiciones del mercado no necesariamente indican una mala condición del mercado local.

El tipo de cambio está hoy en niveles que le gusta mucho presumir al régimen, menos de 19.30 pesos por dólar. Pero esta paridad no es un reflejo de ningún aval del mundo a las políticas públicas locales, es la muestra de que hoy, aquí, se pueden hacer buenos negocios financieros.

Hay situaciones internas que sí pueden influir para cambiar las señales de neutral a negativo. Evidentemente que un mal manejo de las finanzas públicas puede prender focos de alerta.

Sobre todo, hacia el cierre del sexenio se podrían reevaluar los niveles actuales del riesgo de las finanzas públicas.

Pero también puede llegar a pesar ese ánimo belicoso del Presidente en contra de sus propios gobernados y el llevar cualquier intento antidemocrático a la práctica legislativa, o hasta de facto, que comprometa la vida democrática del país.

Hasta hoy, en términos de la visión de los inversionistas lo que ha ocurrido con la intentona de retroceso electoral se ha mantenido en el terreno de la anécdota y el folklore político mexicano, pero una acción que pueda efectivamente comprometer la vida democrática de México sí puede tener efectos devastadores en los mercados.

Y la primera escala sería el tipo de cambio que tanto gusta al Presidente.

El tipo de cambio está en niveles que le gusta mucho presumir al régimen, menos de 19.30 pesos por dólar. Pero esta paridad no es un reflejo de ningún aval del mundo.