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Cerca del 15 % de las claves no fue adjudicado y continuará su proceso mediante licitaciones adicionales antes de que termine 2026

Después de los anuncios del fin las galletitas, el café y las fotocopias en las oficinas públicas; y la venta de carros viejos del Senado, para así acabar con la corrupción, sólo falta que nos digan que van a llevarnos “a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel”.

El spin de la corrupción, como principal problema de México, se agotará tan rápidamente como las galletitas, el café y las fotocopias, porque… no se va a acabar, salvo que sea barrida bajo la alfombra con un buen manejo de medios, y quede como denuncia ciudadana perenne en redes sociales.

Siendo (como lo es) un grave atolladero para el país, no es la corrupción nuestro mayor apuro como sociedad, aunque los electores lo comprasen con singular entusiasmo durante el pasado proceso electoral. Nuestro principal problema, en verdad, es la impunidad.

Sin embargo, el tema de la impunidad no se robó el show de los candidatos, porque es más difícil de vender en una campaña, a excepción de prometer cárcel para los políticos corruptos, porque a esos los tienen a mano y pueden ser usados como servilletas, cobrando venganzas.

Pero la verdadera impunidad es la que afecta a millones de mexicanos en sus vidas cotidianas: asalto en la vía pública, en transporte público, en restaurantes y pequeños negocios, el secuestro, robo de coches, la zozobra de los padres cuando sus hijos sales solos, el crimen callejero…

Porque, dejemos de jugar con las palabras y con las galletitas, el café y las fotocopias: en nuestro país es más barato matar que corromper. Y lo es porque en México el castigo es casi inexistente contra la mayoría de los delitos que afectan la vida en todas las clases sociales.

En cuotas de impunidad, México ocupa la penúltima posición mundial, solo superado por Filipinas, y seguido por Turquía, Colombia y Rusia. Y, en un estudio de la UDLAP, está en el lugar 58 de los 193 países integrantes de la ONU.

Ojo, y no se refiere a la impunidad de los Duarte, la maestra Gordillo y demás personajes cuya mención es música para los oídos de quienes escuchan las arengas políticas: se refiere a la impunidad para quienes asaltan, roban, secuestran, matan, extorsionan.

Como sea, esperar que sean castigados es difícil, pues México cuenta con cuatro jueces por cada 100 mil habitantes, un número muy por debajo de la media mundial, que son 17 jueces. Por ejemplo, Croacia, el país con menos impunidad, tiene 45 jueces por cada 100 mil habitantes.

No: las galletitas no son remedio a todos nuestros males. Lo peor de México es que no hay castigo…

Para quienes nos impiden salir tranquilos a la calle.