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El último incremento en la tasa de interés de referencia por parte del Banco de México fue en junio de este año. Dado el tono del comunicado de Banxico, la señal enviada al mercado es que, con ese aumento, Banxico podría estar muy cerca de haber concluido un ciclo de restricción monetaria que comenzó en diciembre del 2015 y en el cual la tasa de interés de referencia pasó de 3.0 a 7.0%, su nivel más alto desde el 2008.

La decisión de Banxico de adoptar una trayectoria de alzas más agresiva que la Reserva Federal (Fed) ha tenido como principal objetivo evitar que ciertos factores detrás del repunte inflacionario, que se consideran transitorios, provoquen un deterioro en las expectativas de inflación y contaminen el proceso de formación de precios.

En pocas palabras, ante el deterioro en el balance de riesgos para la inflación, Banxico ha tratado de mandar la señal de que actuará de manera vigilante para evitar que los incrementos de precios de las gasolinas y de las materias primas dolarizadas tengan impactos de segunda ronda en la formación de otros precios. Desde junio, la tasa se ha mantenido sin cambios.

Durante varios meses, el mercado especuló que Banxico no volvería a tocar la tasa hasta mediados del 2018 con un posible movimiento a la baja, dado que el balance de riesgos de la inflación se habría vuelto neutral. Uno de los argumentos detrás de esta tesis es que las presiones inflacionarias observadas durante este año como consecuencia del aumento en los precios de la gasolina y la depreciación del peso frente al dólar, comenzarían a disiparse en la segunda mitad de este año, y de manera más marcada, en el 2018, llevando la inflación al cierre del 2018 a converger con el objetivo de 3.0% de Banxico.

Esta tesis también estaba apoyada en el hecho de que la Fed seguiría un ciclo muy gradual de normalización en el cual la tasa de interés de referencia en Estados Unidos vería dos o tres incrementos entre julio de este año y el cierre del 2018. Sin embargo, el balance de riesgos de la inflación no ha mejorado al ritmo esperado y, aunque la inflación parece haber marcado un punto de inflexión en agosto, la mejoría ha sido menor a la esperada. Asimismo, los incrementos salariales más recientes —incluyendo el reciente incremento al salario mínimo— han estado por arriba de la cifra de inflación actual. Por el lado externo, la Fed se podría ver obligada a tomar una postura más agresiva en cuanto a la tasa de interés de referencia en Estados Unidos.

Como hemos mencionado en este espacio, la gran posibilidad de que la administración Trump y el Partido Republicano aprueben un fuerte estímulo fiscal cuando la economía está en una etapa tardía y robusta del ciclo de expansión y el mercado laboral está prácticamente en pleno empleo, podría por fin generar algo de presiones inflacionarias en Estados Unidos.

Adicionalmente, la Fed tendrá que incorporar en sus decisiones de política monetaria el inminente deterioro de las finanzas públicas del Tesoro estadounidense. De aprobarse la reforma tributaria, algunos expertos estiman que la Fed podría verse obligada a subir la tasa de fondeo en hasta un punto porcentual en los próximos 12 meses, llevándola de 1.25 a 2.25% y reduciendo el diferencial vs la tasa de referencia en México de 5.75 a 4.75 por ciento.

Aunque el diferencial era de apenas 3.0% hace dos años, parecería difícil que Banxico pueda justificar mantener la tasa sin cambios si el balance de riesgos interno para la inflación sigue sin mejorar marcadamente y si la Fed se ve obligada a tomar una postura más restrictiva.