Otra vez un nuevo recorte en las estimaciones económicas mexicanas. Ahora con cargo a las finanzas del 2015. Aunque en esta ocasión se trata de algo tan externo como inevitable.

Parece que no lo querían aceptar pero la realidad es muy necia y se empeña en imponerse sobre las previsiones optimistas que prevalecían. La buena noticia es que todavía hay tiempo para evitar recortes a un presupuesto ya en ejercicio.

Este viernes vence el plazo legal para que diputados y senadores aprueben la Ley de Ingresos y el Senado se enfrenta a la realidad de tener que recortar las estimaciones del dinero que habrá de entrar a las arcas públicas.

Tanto la Secretaría de Hacienda como la Cámara de Diputados tenían la información suficiente como para no equivocarse con el precio del petróleo. Sin embargo, prefirieron jugar del lado de los optimistas y no atender las señales que mandaba el mundo.

Así, el gobierno federal envió el paquete económico para el próximo año con un estimado de 82 dólares por barril y los diputados, suponiendo una actitud patriótica ultrarresponsable, le bajaron un dólar al estimado, a los 81 dólares por barril.

Pero eso sí, para que en el papel la baja se compensara los legisladores de San Lázaro decidieron apostar en contra del peso y calcularon un dólar más fuerte.

Hay tiempo suficiente para dejar las cosas bien cuadradas a la realidad de un mercado petrolero deprimido. Pero también habría las horas necesarias para ignorar más la salud de las finanzas y ampliar los desequilibrios.

El mercado petrolero cambió en los últimos años. Lo que hoy vemos es sin duda una crisis de consumo. Europa está en la antesala de una nueva recesión y China enfrenta una desaceleración. Pero la verdadera historia es que hay un cambio radical en la producción, hay naciones emergentes como Estados Unidos que hoy bombean millones de barriles adicionales al planeta. En este escenario es imposible pensar en los barriles de a 100 dólares por algún tiempo.

Es justo en este escenario no previsto que se extraña una verdadera reforma fiscal que hubiera liberado de una vez por todas a este país de esa angustia de depender de los caprichos mundiales para completar el gasto con los ingresos petroleros.

No hay duda de que si se hubiera logrado ese gran cambio tendría que ser gradual, y el próximo año seguramente tendríamos un ligero incremento en los ingresos tributarios, pero al menos existiría la expectativa de una regularización futura a diferencia de lo que tenemos, que es una negativa firmada por decreto para no tocar la parte fiscal el resto del sexenio.

Lo que queda es ser responsables con los cálculos, urgen senadores responsables que no alimenten los desequilibrios en la relación ingreso-gasto y que asuman que hay menos dinero para gastar.

Además, hay que tomar en cuenta que se siguen revisando a la baja las expectativas de crecimiento y eso le pega a los ingresos fiscales, y por lo tanto a las previsiones presupuestales.

Ya le tocará a los diputados decidir cómo se gasta, pero la determinación de cuánto y de qué manera se obtienen los recursos es un asunto de las próximas horas.