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En una de sus mañaneras, la presidenta Sheinbaum leyó un documento del cura Hidalgo donde no se menciona a Fernando VII. Quería probar así que el cura de Dolores no reivindicó en su rebelión a aquel catastrófico monarca español, derrocado por la invasión napoleónica en 1808.

El hecho de largo alcance es que aquella invasión produjo, en todo el imperio, una ola de rechazos a la legitimidad de la corona, en manos del mariscal invasor José Murat, contra quien el pueblo de Madrid se levantó en armas el 2 de mayo de aquel año.

Las autoridades de los virreinatos y de las capitanías generales de la América española, erigidas en juntas soberanas, desconocieron la legitimidad de la corona intervenida en Madrid y reconocieron la del depuesto Fernando VII.

Este hecho coincidente, se diría telepático, lógico, dada la cultura política hispánica de la época, marcó el inicio de las independencias americanas, desde la Nueva España, que empezaba entonces en la Alta California, hasta la Patagonia, incluyendo los dominios sudamericanos que hoy son Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Venezuela y Colombia.

Los reinos de ultramar inconformes con la invasión napoleónica fueron fernandistas. La nueva España también, con el virrey Iturrigaray a la cabeza, en 1808.

La conspiración de Querétaro y la rebelión de Hidalgo en 1810 fueron fernandistas también. Era el humor loco y lógico de la época.

No hay testimonio directo de lo que dijo Hidalgo en su Grito de Dolores. Hay muchas versiones. Las más repetidas, según Fernando Serrano Migallón, que las revisó en El grito de la Independencia, fueron:

1. “Mexicanos: ¡Mueran los gachupines! ¡Muera el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la América libre! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.

2. “Mexicanos: ¡Viva la religión! ¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la América! ¡Muera el mal gobierno!”.

También hay la versión de que Hidalgo dijo: “¡Hijos míos! ¡Únanse conmigo! ¡Ayúdenme a defender la patria! Los gachupines quieren entregarla a los impíos franceses. ¡Se acabó la opresión! ¡Se acabaron los tributos! Al que me siga a caballo le daré un peso; y a los de a pie, un tostón”.

La invocación de Fernando VII acompañó la rebelión de Hidalgo desde el inicio, como consta en las versiones históricas disponibles. Mañana, algunas muestras.