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Lo que ha pasado en los Estados Unidos es francamente increíble: una bala teóricamente magnicida yerra, y a consecuencias de ello un presidente pierde la posibilidad de reelegirse.

Donald Trump, que como buen pirata politico no trae el parche en el ojo sino en la oreja, celebró con moderación,en la Convención Nacional Republicana en Wisconsin, su camino a la Casa Blanca. Escogió, ya lo había hecho, a un derechista de extremos, que antaño había llamado a su hoy compañero de fórmula “el nuevo Hitler” y hoy se encuentra alineado en las causas más radicales de Trump. A saber, la nueva expresión de aquel clásico “América para los americanos”, cuyas siglas son ahora MAGA, make America Great Again, o séase hágamos a los Estados Unidos grandes de nuevo. O el nuevo lema, después del sábado pasado: “luchar”.

Que con su hot dog se lo coman y que les vaya bien. A nosotros nos debe interesar qué parte de esa grandeza americana nos toca, o cuánto de ella nos va a costar. Por lo pronto, la supervivencia del tratado de libre comercio americano se ve muy debilucha; la obsesión trumpiana de acabar con la fortísima competencia china tiene como objetivo básico el impedir que los asiáticos triangulen la presencia de sus productos en los Estados Unidos disfrazándolos de mexicanos al amparo del libre comercio continental. Comenzarán por los aranceles a todo producto mexicano enviado al Norte que sea sospechoso de ojos oblicuos.

Mucho más importante es el grave problema que el mundo está enfrentando, la migración. Tanto Vance como Trump, sabedores de que la grandeza americana tiene sus más profundas raíces en los flujos de migraciones de todo el mundo que conformaron el musaico multirracial que la hace ejemplar.

El tercer elemento en este juego son las drogas que están diezmando la juventud gabacha. Como de costumbre, en vez de reconocer la alberca culpan al trampolín.

En las tres instancias el papel de villano es nuestro. Les prestamos las credenciales del libre comercio a los chinos, dejamos pasar por la porosa frontera a quien le dé su gana -incluyendo terroristas de las grandes ligas- y somos los proveedores de lo que el cliente pida, desde mariguana hasta fentanilo.

Yo no estaría tan feliz con las elecciones del 5 de noviembre y lo que nos espera a los mexicanos. Y la señora Sheinbaum tan oronda.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ya comenzó lo inevitable, la cacería de brujas terroristas que estaban detrás del ataque a Trump. Ni por asomo se les ocurre pensar en la facilidad con las que se adquieren en su países las armas letales.

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