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¿Puede la antigua y robusta democracia estadunidense volverse una autocracia bajo Trump?

¿Puede hacerlo sin violar la ley, llevando solo a sus últimas consecuencias los vacíos constitucionales en materia de división de poderes y de pesos y contrapesos de la democracia que celebró Tocqueville?

Con estas preguntas empecé una columna en este espacio en febrero de 2017, a unos días del primer ascenso de Donald Trump a la presidencia.

Era la pregunta que rondaba la cabeza de muchos observadores del escenario americano.

Vuelve a rondarla hoy, me parece que de modo más acuciante o menos incrédulo, con el segundo advenimiento del síntoma temido: la segunda presidencia de Trump, ahora con más poder, control del Congreso y de la Corte, y un arranque presidencial más avasallante.

En 1964, el lógico-matemático austriaco Kurt Gödel entrevió la posibilidad legal de que la Constitución americana pudiera dar paso a una dictadura, como había sucedido en Austria, su país.

Gödel se presentó aquel año ante un funcionario de inmigración que iba a hacerle preguntas de rutina sobre su conocimiento de la vida pública estadunidense, para otorgarle su ciudadanía.

Se presentó acompañado de Albert Einstein y del economista Oskar Morgenstern, a quien Gödel había externado su angustia por la lógica interna de la Constitución americana. Godel la había leído en serio para aquella entrevista de rutina.

La entrevista empezó cordialmente: “Funcionario: Señor Gödel, ¿de dónde viene usted? Gödel: De Austria. Funcionario: ¿Qué clase de gobierno tienen en Austria? Gödel: Era una república, pero la Constitución era tan mala que fue convertida en una dictadura. Funcionario: Eso es terrible; no podría suceder en este país. Gödel: ¡Sí podría! Funcionario (condescendiente): Bueno, no es el momento de discutir eso”.

Nunca quedó claro, nunca dijo Gödel con claridad por qué podría suceder aquello con la Constitución estadunidense.

Pero su duda ha dado lugar a múltiples cavilaciones. La dominante en estos días tiene que ver, desde luego, con los alcances del poder presidencial, con el hecho de que quizá el presidente estadunidense no está realmente sujeto a control constitucional, sino que tiene poderes enormes cuyo único límite real es la decencia para ejercerlos, la autocontención.

Con Trump.