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Si lo vemos desde la perspectiva de la conveniencia política de los presidentes, la amenaza de aplicar aranceles a México por una cuestión migratoria, ayuda tanto a Donald Trump como a Andrés Manuel López Obrador.

A Trump, porque está en descarada campaña reeleccionista y pegarle a México es un asunto que gusta mucho a su base electoral.

Y a López Obrador, porque sus opositores no pueden hacer otra cosa que cerrar filas con su gobierno ante una amenaza externa tan alevosa como la del presidente estadounidense.

Pero en términos económicos no hay ganadores. Evidentemente México, como el país amenazado, tendría repercusiones importantes en su actividad industrial, que ya está de hecho en recesión, y esto jala más hacia abajo las expectativas económicas.

Y para Estados Unidos, el impacto inicial se da entre los consumidores. Porque incluso antes de que llegue la fecha del 10 de junio para aplicar un primer golpe arancelario de 5%, según la amenaza de Trump, ya hoy tienen que pagar más por los productos importados de México.

Tras el tuitazo de Trump con la amenaza a México, la depreciación del peso frente al dólar encareció las exportaciones mexicanas.

Pero faltarían las represalias comerciales de México. Porque es evidente que en una relación entre iguales no sería prudente que nuestro país “apechugara” el golpe sin responder en los mismos términos. Salvo que haya temor de enfrentar a la administración de Donald Trump.

Claro que una respuesta inteligente no gravaría todas las importaciones estadounidenses, por el daño autoinfringido que esto provocaría, pero sí aquellos productos que sean lo suficientemente sensibles para los productores estadounidenses que pudieran organizar una manifestación frente a la Casa Blanca para acabar con esta pifia.

La mejor estrategia que recomiendan los expertos mexicanos negociadores es que el gobierno mexicano vea con claridad que no es personal. Que se trata de un asunto de política interna estadounidense, para jalar la marca de la investigación de obstrucción de la justicia y de los condicionamientos de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes.

Hay que ver todo desde el cristal que usa Trump de buscar el mayor rédito electoral posible para reelegirse ¡dentro de 17 meses!

Es indispensable que la delegación mexicana, cuando la reciban en Washington, deje muy claro que una cosa son los temas migratorios y otra los comerciales. Esto nunca lo entenderá Donald Trump, pero sí el resto de los que sí saben de economía y finanzas en su primer círculo.

Parecería que Donald Trump y los más radicales de sus asesores ven a México y a su gobierno como un eslabón débil, como un país dependiente imposibilitado de defenderse de su acoso. Como una mexican piñata a la mano para hacer campaña.

Y esta visión tan pobre y tan evidente de Trump hace que al interior de nuestro país el gobierno del presidente López Obrador reciba todo el apoyo incluso de esos, sus tan denostados adversarios.

Y no sólo por ese sentimiento del “más si osare”, sino porque realmente esos exabruptos prepotentes de Donald Trump pueden causarnos un serio problema económico, incluso uno peor del que ya estamos atravesando con el actuar de la 4T.