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Puede ser que a alguien le interese, pero me puse a buscar cuántas personas mueren violentamente, es decir, son asesinadas, cada día en España, que afortunadamente sigue siendo un referente cultural, étnico y social para nuestro país, pese a lo que siga exigiendo el vejete oculto del Sureste y su manía de que Felipe VI le pida perdón a “sus” mexicanos por la violencia de la Conquista, como si ella tuviera signo de exclusividad.

En España asesinan a menos de una persona diaria. Como la matemática no sabe de anatomía, los españoles asesinan a punto noventa y cinco de humano al día. Claro, son unos bárbaros. Los suecos dan un índice de .25; esto quiere decir un fiambre cada cuatro días. En Dinamarca, ya ni chingan: nomás matan a un cristiano, o de cualquier religión, cada semana.

El estimado numérico para Brasil es de más menos 120 personas al día; en el año 2024 fueron asesinadas 52 personas diarias en México. Pero el gobierno, según es tradición, tiene otros datos, aunque traicione al autor del embuste.

La señora presidente con A de patria presumió el martes en su perorata mañanera, que en septiembre de 2024 —último mes de ejercicio de su patrón y papá de Andy— los mexicanos matamos a 87 paisanos al día, mientras que en enero de este año solamente nos escabechamos a 51: para que no se hagan bolas, es una reducción del 42 por ciento.

Ante la avalancha incontenible de cifras y porcentajes, el gringo dice siempre que el diablo está en los detalles. Nosotros advertimos que es necesario leer la letra chiquita. Y ese es el oficio de los malabares del cuatrote. Los números en sí no dicen nada, si no se les relaciona con la columna a la que están asignados. De esta manera, el número de personas asesinadas puede disminuir si el individuo que aportó su vida a la estadística se clasifica como “desaparecido” y no como muerto. Así se maquillan las cifras y los resultados resultan gratos al sultán.

Aunque un muerto es siempre un muerto, para aquellos que lo velan y lo entierran. Para los que lo recuerdan. Y hasta para los que no han encontrado un cuerpo que sepultar y que sus familiares engrosan el número de desaparecidos.

Sin las matemáticas no hubiésemos podido subsistir; gracias a la aritmética, el cálculo, álgebra y geometría, y del dominio que el hombre ha hecho de ellos, no se hubiesen construido las pirámides de Egipto, el Taj Mahal, la piedra del Sol nuestra ni el Zigurat de Ur en la Mesopotamia.

Un extraño personaje cubano, médico, del siglo pasado, Aurelio Baldor, hizo hacia 1930 y algo, una notable aportación al entendimiento del álgebra en nuestro continente.

Todo ese torrente de conocimiento se aprovecha ahora para el engaño que se llama estadística, en donde los millones dan solidez a cualquier mentira y los porcentajes encubren todo engaño. Eso, cuando se usa en el manejo de vidas humanas, es criminal.

Vivimos, nos guste o no, en un país dominado por el crimen violento asesino. El que deja a sus víctimas despedazadas en bolsas negras de plástico semienterradas en fosas clandestinas. Ante esas realidades, que no se pueden ocultar, es mejor olvidarse de las cifras y los porcentajes en el discurso oficial.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Todos hemos caído en el garlito de que democracia es igual a mayoría. De eso trata el tejemaneje de las negociaciones sobre la reforma electoral que busca el papá de Andy a través de su sucesora.

Resulta, sin embargo, que se les está volteando el chirrión por el palito.

La iniciativa de reforma constitucional, que nadie conoce y todos discutimos, presumiblemente pretende reducir el número de diputados y senadores no electos por voto directo; hacer menor el dinero público que mantiene a los partidos políticos, sin importar su calado popular.

Todo esto es muy bien visto por el populacho, que está harto de los zánganos. Donde la puerca morena tuerce el rabo es que, para que pase su reforma necesita el apoyo de los votos de sus rémoras políticas, el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista, empresas familiares claramente identificadas, sin sustancia, pero con mucha apariencia.

La señora presidente y la reforma del papá de Andy van a topar con esa pared, que ellos mismos forjaron.