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Donald Trump le dio el tiro de gracia al sistema global de comercio, pero le perdonó la vida al T-MEC. El acuerdo comercial de América del Norte quedó damnificado y necesitará cirugía reconstructiva, pero demostró su utilidad: México y Canadá recibieron un trato menos perjudicial de parte de Estados Unidos, cuando se anunciaron las tarifas recíprocas.

Esto no es un asunto menor: México tiene ante sí la oportunidad de crecer su participación en el mercado estadounidense. Ahora, las exportaciones mexicanas se “comen” una sexta parte de los 3 billones de dólares que compran los Estados Unidos al mundo. En los próximos años, no sería raro que la participación de México supere con holgura el 20%, a costa de China que fue el más perjudicado en el Liberation Day.

Muchas cosas cambiarán en la canasta de compras de Estados Unidos, de sus consumidores y de sus empresas. Una de las grandes incógnitas es ¿de qué tamaño quedarán las importaciones totales de Estados Unidos? Es probable que veamos un decremento importante, alimentado por el proteccionismo y por una eventual contracción económica. Las decisiones de Trump han incrementado el riesgo de recesión. El presidente lo sabe y no lo rebate. La caída de las Bolsas no admite réplica. Lo que ocurrió esta semana se parece a la llegada del Covid, eso dicen los inversionistas que ven disrupciones de cadenas productivas en tecnología, calzado, autos, construcción y otras industrias. En el jueves negrísimo, también cayó, el petróleo y el dólar.

México y Canadá resultaron agraciados en el Día de la Liberación, pero no se acabó la incertidumbre. Ahí están los aranceles al acero y el aluminio… a la cerveza. En vez de institucionalidad tenemos caprichos y la Gracia del Sultán. Enorme, cual elefante en la sala, están los cambios en las reglas en el sector automotriz, que genera más de 800,000 empleos directos en México, desarrollo en 15 estados y es el mayor generador de divisas para nuestro país. Los autos hechos en México van a pagar un arancel de 25%, a pesar de lo que dice el T-MEC. Una parte de cada vehículo fabricado en México tendrá tarifa cero: la que demuestre que es Made in USA.

¿Es posible estar felices porque nos exentaron de las tarifas compensatorias y mantenerse en estado de alerta por lo que está pasando en la industria automotriz? Por supuesto que sí. Vienen oportunidades para algunos sectores, derivados del batazo que le dio Trump a algunos países asiáticos y la Unión Europea. En una esquina, farmacéutica, electrónica, aeroespacial, semiconductores. En la otra, la industria automotriz. El mejor símbolo de éxito de la integración de las economías de América del Norte ha pasado a ser el mejor ejemplo de las contradicciones de la política comercial de Donald Trump. El señor quiere todo el pastel para Estados Unidos. No le gusta que México y Canadá tengan rebanadas tan grandes y sabrosas de ese pastel. Con el cambio de reglas y el caos que está generando, habrá destrucción de valor. Quizá Trump acabe con algo del tamaño de un cupcake en su mesa, porque Estados Unidos no puede cocinar solo el pastel y comérselo todo.

El T-MEC no está muerto, pero está en proceso de mutación. México y Canadá mantienen el acceso preferencial al gigantesco mercado estadounidense, a condición de cumplir con las exigencias de Estados Unidos en seguridad, migración, geopolítica y lo que se le ocurra a Trump o su equipo. Por eso hay incertidumbre. No será fácil regresar al Business as usual.

La visión de Trump es que le estorba un acuerdo en el que los tres socios tengan los mismos derechos, cuando se trata de resolver diferencias o compartir beneficios. Según su criterio, Estados Unidos está llamado a imponer su voluntad a México y Canadá porque es más grande, más poderoso y porque estos dos países necesitan mucho más la relación con Estados Unidos que viceversa. Estamos en un Tratado de Libre Comercio, donde el accionista mayoritario es proteccionista.

Tenemos la oportunidad de crecer como socio de Estados Unidos. ¿Queremos hacerlo, nos conviene? A Estados Unidos van 83% de las ventas mexicanas al exterior y de ellos dependen dos terceras parte del PIB nacional. Ser el principal socio comercial de Estados Unidos nos da muchas ventajas, porque es el mayor mercado del mundo y estamos junto a él, pero también aumenta nuestra vulnerabilidad de cara a un socio que se volvió impredecible… y que además trae ganas de pleito con medio mundo.

¿En dónde quedaron nuestras ganas de diversificarnos? Estamos en una región maravillosa y la geografía no tiene remedio, pero no hay que perder de vista que el mayor crecimiento del mundo está en Asia. Es India, China, Indonesia y muchos más.