“La vida es un gradual recorrido hacia la muerte”:

Isaac Shapiro

El Presidente dice estar cansado e insiste que, terminado su sexenio no hará política. No creo que López Obrador deje de hacer política, está en su naturaleza. Sin duda, al término de su sexenio quedará como referente, tal como sucedió con Lázaro Cárdenas, pero también los afanes reeleccionistas de algunos de sus seguidores, quedarán congelados.

Desde hace 30 años, ningún primer mandatario se atrevió a abrir una discusión pública como la que hemos visto en estos últimos tres años. El mandatario se ha atrevido a confrontar a sus adversarios abiertamente, propiciando una sana interacción pública.

Se apela a la diplomacia y cortesía del presidente cuando desde hace tres décadas ha sido blanco de sistemáticos ataques del poder privado, y del poder público hasta que llegó a la primera magistratura.

Se entiende entonces que, el ejecutivo federal no quiera guardar las buenas maneras para un mejor momento, porque ese momento es hoy. La estrategia de choque con los medios hasta este punto, le ha funcionado, pero también ha beneficiado a quienes critica.

Siempre será positivo que hablen de ti, aunque sea para atacarte. Decía Salvador Dalí: “Que hablen bien o mal. Lo importante es que hablen de mí”. A estas alturas, la interacción comunicativa presidente-medios-periodistas, propicia una discusión pública que, reporta dividendos para las partes. Dice mi amigo y compañero Joaquín López-Dóriga que, “aguanta vara” cada vez que, el mandatario lo menciona en la mañanera.

El presidente sin expresarlo, y parándose a diario para encabezar la conferencia mañanera de forma inherente y simbólica, dice lo mismo: Aquí estoy y aguanto vara.

La disputa discursiva genera ganancias. El presidente mantiene su nivel de aceptación y quienes lo critican, mantienen su rating al alza. Es una operación ganar-ganar. Unos ganan votos y otros seguidores.

Sin embargo, otros más aprecian que, la descalificación presidencial pone en riesgo a quienes critica, lo que parcialmente es verdadero, porque nadie en su sano de juicio desde el gobierno, se atrevería a tocar un pelo a los periodistas que critica el mandatario, por obvias razones.

Entonces, es otra la discusión cuando se asegura que, el presidente vulnera a los periodistas atacándolos. Creo que este axioma es parcialmente verdadero, porque los periodistas de a pie que se encuentran en Estados y municipios, están expuestos a fuerzas más obscuras en las que, existe una evidente connivencia entre el poder público y el crimen organizado.

Lo que está de por medio en esta coyuntura es, si al presidente le conviene seguir manteniendo el choque discursivo de cara a la segunda mitad de su sexenio, y más cuando dice ya “estar cansado”.

Aunque manifieste abiertamente su cansancio, es seguro que, el primer mandatario, no desea abandonar su proyecto político a medio camino, para que se extinga en un solo sexenio. Su intención es transexenal. Seguir impulsando y profundizando su 4T.

Para ello, en los mejores escenarios requiere de espacios de negociación y concertación. Entonces, la duda es, si el conflicto y el choque discursivo puede seguir vigente de cara a la elección presidencial. La historia ha mostrado que, cualquier guerra o confrontación, tienen un límite. A nadie gusta la confrontación permanente.

Entonces, una de las opciones es abrir la puerta de la negociación con sus “adversarios” y sensibilizar el camino de cara al 2024. Por lo menos, en el campo de los medios, resulta claro que el vocero se ha alineado con el choque discursivo del mandatario. Se aprecia que, en la actual coyuntura, se requiere un funcionario que construya y fomente el acercamiento y los consensos. Necesario es destruir diques y obstáculos que, la confrontación ha construido.

El cansancio del presidente, por lo menos, en el campo de la comunicación podría aligerarse si las oficinas de comunicación del gobierno federal, comienzan a realizar su trabajo, y no dejan todo el peso al presidente. Se entiende entonces el “cansancio presidencial”. Nadie le ayuda.

De la libreta

° Las acusaciones contra Eduardo López Betancourt no son nuevas. En la lista de sus víctimas está incluida la ex abogada general de la Unam, Mónica González Contró.

° Irregularidades y despidos injustificados crecen en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Hay un descontento creciente al interior contra Rosario Piedra, y el secretario ejecutivo del organismo, Francisco Estrada Correa.

° Tiene razón el senador Emilio Alvarez Icaza cuando asegura que, una cosa es defender la actuación de las fuerzas armadas, y otra muy diferente alentar su presencia en campos que, deberían estar reservados para actores civiles. Eso se llama militarización de la sociedad.

@HectorHerreraAR