AMLO y grandes empresarios: si hubo borrón y cuenta nueva, ¿qué sigue?


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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

¿Ustedes creen que AMLO y Claudio X González hablaron de beisbol? Dicen que sí, pero la verdad es que eso importa poco. El hecho es que se encontraron y de ese encuentro no saltaron chispas. La esperada encerrona entre López Obrador y los miembros del Consejo Mexicano de Negocios (CMN) se llevó a cabo sin sobresaltos. Fue un ejercicio de pragmatismo de ambas partes. A López Obrador le interesaba reducir la conflictividad con los grandes empresarios. A los hombres de negocios, lo mismo con AMLO.

¿Ustedes creen que AMLO y Claudio X González hablaron de beisbol? Dicen que sí, pero la verdad es que eso importa poco. El hecho es que se encontraron y de ese encuentro no saltaron chispas. La esperada encerrona entre López Obrador y los miembros del Consejo Mexicano de Negocios (CMN) se llevó a cabo sin sobresaltos. Fue un ejercicio de pragmatismo de ambas partes. A López Obrador le interesaba reducir la conflictividad con los grandes empresarios. A los hombres de negocios, lo mismo con AMLO.

En el Club de Empresarios de Las Lomas estaban casi todos los integrantes del club más exclusivo de México. Se notaba la ausencia de Daniel Servitje, de Bimbo, pero ahí estaban Germán Larrea, Alberto Baillères y Eduardo Tricio. La presencia de los tres era relevante porque a ellos se dirigieron algunos de los dardos verbales del candidato de la coalición que encabeza Morena.

El encuentro no fue tan amable como los que tuvieron los del CMN con José Antonio Meade o Ricardo Anaya, pero fue bastante fluido. No hubo intercambio de disculpas, pero tampoco cruce de descalificaciones. Predominó una actitud de respeto, aunque el tono fue firme.

Fue una reunión que empezó alrededor de las 9 de la mañana y concluyó en torno a las 11:30. Quedó claro que hay puntos de coincidencia, como la necesidad de incrementar la inversión productiva del sector privado y la preservación de la estrategia de apertura comercial. Las diferencias quedaron claras en asuntos como la propuesta del campo de López Obrador. No gusta a los empresarios lo de retomar los precios de garantía y la retórica de la autosuficiencia alimentaria. En el tema educativo, hay un abismo entre López Obrador y los grandes empresarios, sobre todo en  la forma de entender lo que se debe hacer con la reforma educativa.

López Obrador estuvo acompañado por Alfonso Romo, a quien él ha designado como enlace con el sector privado. Este empresario regiomontano acordó los términos de la participación de AMLO en esta reunión con Alejandro Ramírez Magaña, presidente de Cinépolis y también del CMN.

El diálogo con AMLO fue parte de una “pasarela” de candidatos que organizó el CMN. El trato fue parejo para todos, pero es claro que hay “unos más iguales que otros” (Orwell dixit). El hecho de que AMLO encabece las encuestas marcó algunas diferencias. Con él, quedó la propuesta firme de reunirse después del 1 de julio e integrar grupos de trabajo.

¿Qué falta? La cordialidad y el respeto que afloró en este encuentro no sirven para remplazar la confianza. Los grandes empresarios desconfían de López Obrador y el candidato desconfía de ellos. En el ánimo de AMLO, no ha cicatrizado la herida abierta por la campaña “Es un peligro para México”. A los empresarios les preocupa que una parte de la retórica de la campaña se convierta en una actitud de gobierno. Les aterra el regreso a los tiempos cuando los empresarios eran considerados enemigos del bien común.

La confianza entre gobierno y grandes empresarios es clave para el desarrollo de México. Sin ella, no habrá incremento de inversiones ni colaboración para resolver los grandes desafíos, entre ellos, distribución de la riqueza, inseguridad, combate a la corrupción y procuración de justicia. La confianza es crucial. Lo malo es que es como la pasta de dientes: si se sale del tubo, es imposible regresarla a su lugar.

  1. Bonos del NAIM, ¿kriptonita para la 4T?

    Los bonos del aeropuerto. Hemos empezado a hablar de ellos como si fueran un animal mitológico. En cierto sentido lo son. Parece que tienen vida propia y que están embrujados. Por lo pronto, han convertido en zombi la obra de la terminal en Texcoco; han obligado a hacer su primer frenado a la aplanadora de la Cuarta Transformación (4T) y, si no se liquidan pronto, podrían convertirse en un hongo tóxico para las finanzas públicas. Algunos gurús del mercado advierten que, en el peor escenario, la emisión de 7,800 millones de dólares podría terminar costando entre 10,000 y 12,000 millones de dólares. Eso es muy costoso, pero saldrá barato si el asunto concluye, sin salpicar a otros lados. El mayor costo podría venir en el caso de que el aeropuerto “contamine” la percepción de la deuda de otros emisores, como Pemex, que tiene una deuda de 107,000 millones de dólares.

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