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Alejandro Moreno Cárdenas, (a) “Alito”, pasará a la historia como el enterrador del PRI.

Incluirá en su biografía que además no tuvo empacho en humillar públicamente a una mujer, muy respetada militante de su partido, para lograr sus objetivos políticos personales.

En el auditorio Plutarco Elías Calles, de la sede nacional priista, alias Alito se apresuró a hacer público el miércoles que la senadora priista, Beatriz Paredes Rangel, iba en encuestas 15 puntos abajo de la también senadora sin partido, Xóchitl Gálvez Ruíz, quien finalmente ganó la contienda de Responsable para la Construcción del Frente Amplio por México.

Con sus habituales aires de grandeza y sus modos personales de zopenco, el patán de marras disfrazó la traición a su compañera con lisonjas que hubiera podido ahorrarse: “Para nosotros, Beatriz Paredes es un referente de todas las cualidades que idealmente debería tener una persona para practicar la política: líder, elocuente, congruente, sagaz y muy combativa. Mujer de hierro y de un refinado instinto político a la que personalmente admiro y respeto”.

Rodeado de su corte de incondicionales, alias Alito dio la estocada a Beatriz Paredes en un auditorio que vio mejores días a impresentables, que en una época por lo menos parecían no serlo, pues su capacidad de fingir solo era comparable con su cinismo y su ambición.

A la distancia, se sorprenderían de los alcances del nuevo reyezuelo: “… hemos tomado la decisión de respaldar la candidatura única en la persona de Xóchitl Gálvez para encabezar el Frente Amplio por México”.

La senadora Gálvez se resistió a celebrar su incuestionable triunfo hasta que Beatriz Paredes no declinara públicamente a su favor, lo que no ocurrió como tal, regateando lo indefendible pues todo el aparato partidista ya no estaba con ella, ni los suyos, que escogieron ya no serlo, ni los ajenos, que no debieron sentir mayor compromiso.

Así pasó la tarde del miércoles y el mediodía del jueves, hasta que los organizadores del proceso reconocieron el triunfo de doña Xóchitl y anunciaron que este domingo 3 de septiembre le entregarían una constancia de triunfo escrita, en un acto popular al pie del Monumento a la Independencia.

Se canceló la consulta ciudadana que debía realizarse el domingo pues supuestamente así lo solicitaron los partidos políticos, lo que provocó sinfín de especulaciones que intentaron acallar mostrando las urnas y boletas que habrían sido utilizadas.

¿Por qué Beatriz Paredes no declinó? Supuestamente porque ella había dicho en sus recorridos que no lo haría. Muy respetable, pero considerando que nada es para siempre en la vida pudo argumentar que las circunstancias cambiaron.

En el caso de Xóchitl Gálvez no puede dejar de verse que la vida la premia, pero se lo cobra caro. No solamente tuvo un arranque difícil en lo personal sino también a estas alturas de su carrera política.

Lo que hasta ahora es su triunfo más grande, le debe saber agridulce. Está frente a su mayor reto, que de lograrlo coronaría todos sus esfuerzos, aunque de la mano de cuestionables compañías, como el traidor alias “Alito”.

Con todo, siempre se le reconocerá que en unas semanas se convirtió, literalmente, en un faro que alumbró la obscuridad.

Cuando más de la otra mitad del país sentía que todo estaba perdido, surgió la frescura de Xóchitl y renació la esperanza de la sociedad en que sí se puede vencer a la nomenklatura morenista.

Esto apenas empieza. Viene lo bueno. Con la diferencia de que ahora es posible que el que dice que gana las apuestas, podría perder la presidencia de la República.