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Como se vio en el último debate presidencial del domingo, también Claudia Sheinbaum ve moros con tranchetes en la reunión decembrina de la presidenta del Poder Judicial de la Federación, Norma Lucía Piña Hernández, con tres magistrados electorales y la sospechosa presencia del líder del PRI, Alejandro Moreno.

Sin embargo, fue gracias al dirigente opositor que se realizó el encuentro para tratar un único tema: el efecto en la confianza pública del Tribunal Electoral que pudiera causar el bochornoso escándalo que estaban protagonizando para derrocar al presidente de la institución, Reyes Rodríguez Mondragón.

Alito hizo posible el encuentro porque tiene ascendencia en los magistrados Felipe de la Mata, Felipe Fuentes Barrera, y en particular con Mónica Soto Fregoso, luego de que ésta desairó una invitación de la presidenta del Poder Judicial de la Federación para tratar el asunto.

De “presiones” de Piña dio cuenta Lourdes Mendoza el 11 de diciembre en El Financiero, registrando que la ministra “está amenazando a los magistrados (…) para que respalden a Rodríguez o, de lo contrario, actuaría contra los indicios de información ‘sucia’ que tiene de los magistrados rebeldes” (cinco días después abordó la materia Zedryk Raziel en El País).

Desconozco lo “sucio” que Piña sepa de los magistrados, pero averigüé que a la señora no le importaba tanto “defender” a Reyes Mondragón como expresar su preocupación por la imagen pública del Tribunal Electoral.

Aunque me parece exagerado, entiendo que lo hecho por la ministra se considere “presión”, como también que interviniera (sin éxito, por cierto) por ser la cabeza del Poder Judicial.

Vista con sospechosismo y sobre todo en armonía con la inquina presidencial y el proyecto cuatrotero de chatarrizar a uno de los Poderes de la Unión, la ministra es cuestionada como si se hubiera entrometido en el trabajo jurisdiccional de los magistrados.

El morenismo que calla frente a las graves acusaciones que pesan sobre el ex ministro Arturo Zaldívar por presuntos amagos a decenas de jueces y magistrados para que emitieran sentencias a la carta se cuelga de aquella reunión para seguir linchando a Piña:

Mario Delgado, presidente de Morena, da por sentado y pide que la señora “saque las manos de las elecciones” y la acusa de que con Alito tendió “una celada” a los magistrados, siendo que los tres acudieron a sabiendas, merced a su convocatoria.

En el mismo sentido y con mucho mayor desmesura opinó el senador Ricardo Monreal, quien dijo que los mensajes de texto revelados por MILENIO demuestran una “grave intervención” de la ministra para anular la elección del 2 de junio; se dijo preocupado por su comportamiento y el de “un grupo” de ministros de la Corte que “la secundan”, y dio por cierta la “alianza” de Piña “con el PRIAN”.

Bien a bien, de presiones y amenazas cumplidas en el Tribunal Electoral saben más quienes las han padecido, por ejemplo la magistrada Janine Otálora y el ex magistrado José Luis Vargas, pero no de Piña, sino de su predecesor…