Relevo en Bucareli

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Alberto AguirreSignos vitales

La paridad de género en la integración de su gabinete era un antecedente, desde que el tabasqueño fue jefe de Gobierno en el DF y después, como presidente nacional de Morena

Acababa de cumplir 74 años cuando Olga Sánchez Cordero rindió cuentas ante su jefe. Pasada la elección federal, el saldo en material de gobernabilidad, era blanco. Misión cumplida, pudo decir la huésped del Palacio de Covián. La ministra en retiro y senadora con licencia había dicho —en público y en privado— que en el 2024 se jubilaría de la política.

Había pasado una prueba difícil. Sin usar esos términos, se quejaba de la violencia política que había sufrido en los meses previos —“es un florero”, llegaron a decir algunos camaradas de la Cuarta Transformación. “Pronto dejará su lugar a Julio Scherer”, auguraban otros— y con la seguridad de que en sus manos (y nadie más) estaba su futuro, planteaba lo que fue su anhelo desde que concluyó su periodo de 15 años en la Suprema Corte de Justicia de la Nación: acompañar desde su escaño a la Cuarta Transformación.

Pero AMLO tenía otros planes. La paridad de género en la integración de su gabinete era un antecedente, desde que el tabasqueño fue jefe de Gobierno en el DF y después, como presidente nacional de Morena. Y en el ánimo de hacer historia, designó a una mujer como secretaria de Gobernación: Olga Sánchez Cordero es la primera en la historia de México como nación.

Con el permiso de su jefe, la ministra en retiro cumplirá su deseo de retirarse, desde su escaño. Antes, engrosará su historia de vida, al ser presidenta de la mesa directiva de la Cámara alta. Un reposicionamiento, empero, que obedece a otros resortes, más ligados a las instrucciones generadas desde Palacio Nacional para limitar los alcances de Ricardo Monreal Ávila.

El relevo en Bucareli ocurre antes de lo previsto y obedece al propósito ineludible de evitar que el líder de la mayoría morenista cediera la presidencia de la mesa directiva del Senado a Freyda Marybel Villegas Canché. Las prioridades del exgobernador zacatecano —ha quedado claro— son distintas y a la mitad del sexenio, Sánchez Cordero regresa al Senado de la República, igual que Gabriel García Hernández, el excoordinador de los programas federales. Ambos, por instrucciones superiores retomarán el ejercicio parlamentario en un momento crítico. La Cuarta Transformación requiere concretar un paquete de reformas legales que lleva un importante rezago y ambos exfuncionarios federales mantendrán interlocución directa con Palacio Nacional e impulsarán su concreción. Además de esos nexos, Sánchez Cordero buscará revitalizar al bloque de senadoras morenistas y reforzar el diálogo con los líderes de las facciones minoritarias.

Acaban de cumplirse 1,000 días del sexenio lopezobradorista. Justo hace tres años, en una jugada audaz, Monreal Ávila dejó en el camino a Martí Batres y se hizo de la coordinación de la bancada morenista. El exgobernador zacatecano actuó con la seguridad de tener la autorización presidencial, pero su avasallante operación dejó fisuras irremediables con los puros, mismas que se ahondaron cuando en el 2019 llevó a Mónica Fernández Balboa a la presidencia de la mesa directiva de la Cámara alta.

Desde Bucareli, Sánchez Cordero tuvo trato directo con los líderes de los 32 Congresos locales y un trato cordial con los presidentes de ambas cámaras del Congreso de la Unión. El cabildeo con las fuerzas opositoras quedó a cargo de Mario Delgado —y después de su sucesor, Ignacio Mier—, así como de Monreal Ávila… hasta hace un mes, cuando en Palacio Nacional decidieron que la ministra en retiro fuera la única interlocutora de la Cuarta Transformación con los líderes parlamentarios.

El relevo de Ricardo Monreal como contacto entre el Senado de la República y Palacio Nacional es una de las razones principales de la cancelación del periodo extraordinario con el que cerraría la LXIV Legislatura, primera del lopezobradorismo.

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