Minuto a Minuto

Deportes Jornada 14 del Clausura 2026 de la Liga MX: Empate en el Clásico Joven y Tigres golea a Chivas
Continuaron las acciones de la jornada 14 del Clausura 2026 de la Liga MX con empate entre América y Cruz Azul
Nacional Cuarta Transformación se dedica a la felicidad del pueblo: Sheinbaum
La presidenta Sheinbaum dejó en claro que la Cuarta Transformación defiende y trabaja por el pueblo de México
Economía y Finanzas Magnicharters suspende vuelos por dos semanas
La aerolínea Magnicharters informó de la suspensión de vuelos por medio de un comunicado en sus redes sociales
Nacional Dan alta médica a Francisco Zapata, trabajador rescatado de la mina Santa Fe, Sinaloa
Francisco Zapata Nájera, de 42 años, fue rescatado el 8 de abril de 2026 de la mina Santa Fe, ubicada en Sinaloa
Internacional Suspenden a 11 funcionarios de una cárcel en Colombia tras escándalo por fiesta de reclusos
La intervención ocurre después de que se conociera la realización de una fiesta al interior de la cárcel La Paz, ubicada en Itagüí, Colombia

Les comparto un pasaje de mi novela Fantasma en el balcón (Random, 2021): La casa flotaba en los días luminosos de la ciudad, en la luz cruda de sus mediodías, en las lunas vibrantes de sus noches, mientras los cazadores de la urbe salían a cazar.

No había muchos cazadores ni mucha urbe, solo jóvenes oprimidos por sus sueños, arrojados a la ciudad anónima, rica de esplendores idos y de novedades sin linaje.

La opresión y la infracción sucedían en sordina. Nadie sabía gritar “Me celebro y me canto a mí mismo”, como había cantado Walt Whitman, pero el canto iba por dentro de cada quien, buscando su lugar en los cuerpos que no había, en el coro de los sueños que gritaban en sus pechos desbordados, como el loco de Amarcord: —Voglio una donnaaaa! Lezama leía una biografía del poeta Walt Whitman, en busca del gigante desnudo que sus versos transmitían. Pero en vez del poeta desnudo encontraba al poeta vestido, urdiendo desde su secreter plenitudes imaginarias de un país imaginario.

En la biografía que leía Lezama no había el Whitman de sus versos, ni la América adánica de los versos de Whitman, sino solo un tipo llamado Walt Whitman que había celebrado la guerra con México y se había pasado media vida en hospitales. Lezama estaba herido como un novio novato por aquella disminución.

—El pinche Whitman no es Whitman —le dijo a Gamiochipi la tarde en que estamos, en el balcón de la casa donde conversaban—.

El pinche Whitman es un fiasco. Festejó que nos invadieran los gringos. Gamiochipi era guapo como un dios griego, pero podía ser también sombrío y desviante, como una foto de Nietzsche.

Le respondió a Lezama, muy al caso: —Esta tarde me cojo a Susy Seyde. Lezama dio un salto de sorpresa y se concentró en Gamiochipi. Mejor dicho: en Susy Seyde, quien, sin ser hija de Manhattan ni creerse un cosmos, como el pinche Whitman, se mojaba como un cosmos, carajo, como si un cosmos tocara a la entrada de sus muslos y sus muslos estuvieran listos para abrirse a la mismísima Estatua de la Libertad.