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La pandemia del covid y el confinamiento, iniciado en México en marzo de 2020, cortó el vuelo de una movilización histórica de las mujeres mexicanas.

En su imponente marcha y su “paro nacional” del 9 de marzo de aquel año, en sintonía con el Día Internacional de la Mujer, quedó claro que había madurado en nuestra sociedad una revolución silenciosa de las ideas y los sentimientos que estaba lista ya para mostrar, organizadamente, su dimensión multitudinaria.

Trajo al primer plano de la vida pública la exigencia de un cambio en las reglas no escritas de desigualdad y discriminación que sufren las mujeres, en todos los órdenes.

Salvajemente, en el orden de la violencia intrafamiliar, la violencia social y la violencia feminicida.

Consuetudinariamente, en el orden del trabajo no remunerado del hogar, que incluye los cuidados a niños y viejos, piso invisible, no reconocido, de las pocas o muchas fortalezas que pueda tener el tejido social.

Económicamente, en el orden de la disparidad de ingresos por el mismo trabajo entre hombres y mujeres a lo largo y ancho de todo el mercado laboral, en el formal tanto como en el informal y en el de bajos tanto como en el de altos ingresos.

Sexualmente, en el orden del abuso, el acoso, los noviazgos y los matrimonios regidos por la hegemonía, el capricho y a menudo la violencia masculina. Eso, para no hablar de la explotación sexual, la red de esclavitud que llamamos trata de blancas y todas sus variantes de opresión.

Mental y culturalmente, en fin, por la naturalidad con que durante generaciones han sido vistos, tolerados e impuestos todos estos órdenes de discriminación y desigualdad sobre las mujeres, hoy por hoy la mayoría de nuestra sociedad. Las mujeres son el 51.9% de la población de México. Los hombres, el 48.1%.

Contra todo eso se levantaba la ola de marzo de 2020, que interrumpió la pandemia. Contra todo eso vuelven ahora a salir a la calle las mujeres, luego de tres años que no han hecho sino agravar la desigualdad y la discriminación que denuncian, que han decidido no soportar más.

Están de regreso.