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Economía y Finanzas La UE estudia imponer aranceles de 93 mil millones de euros a EE.UU., según el Financial Times
Esta lista arancelaria se preparó el año pasado y se suspendió hasta el 6 de febrero para evitar una guerra comercial a gran escala
Internacional Los reyes de España siguen muy preocupados desde Atenas el grave accidente de trenes
El accidente ocurrió esta tarde al descarrilar un convoy con más de 300 pasajeros y chocar con otro que circulaba por la vía contigua, a la altura de Adamuz, en Córdoba
Internacional Descarrilan dos trenes de alta velocidad en el sur de España; hay al menos 10 muertos
El accidente se produjo cuando un tren de la empresa Iryo con dirección a Madrid descarriló apenas una hora después de salir de Málaga (sur) e invadió la vía contigua, por la que circulaba otro convoy de la estatal Renfe Alvia que realizaba el trayecto Madrid-Huelva, y que también descarriló
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La tenista Zeynep Sonmez auxilió a la recogepelotas que se desmayó durante el Abierto de Australia
Nacional “México lo que requiere ahorita es unidad”: PT cuestiona pertinencia de la Reforma Electoral
El diputado del PT, Reginaldo Sandoval, presumió que la Cuarta Transformación debería trabajar en lograr la unidad nacional

Recuerda José Woldenberg que en sus épocas de estudiante se gritaba en las asambleas: “Aquí se respetan todas las opiniones”. Su maestro Henrique González Casanova corregía: “Lo que hay que respetar no son las opiniones, sino las personas. Las opiniones no son respetables, las personas sí”.

La pluralidad es por definición diferencia. No puede existir sin debate. Respetar todas las opiniones es una manera de pasar por alto la diversidad, de callar las diferencias.  Pero debatir no es descalificar. El mecanismo dominante de nuestra discusión pública es no respetar a la persona. No discutir lo que se dice, sino juzgar al que habla.

Creo que si algún síntoma grave hay en la democracia mexicana es la manera como nuestra diversidad se expresa atacando personas, no discutiendo ideas.  La consecuencia de este procedimiento es una pluralidad que ahonda sus diferencias en lugar de negociarlas, que vuelve irreconciliable lo que se podría conciliar.

Todos hablan, pocos oyen y la mayoría sólo grita o insulta. Nuestras discusiones terminan muy rápido en ataques personales. Una votación dividida en el Congreso hace que el Presidente y sus legisladores llamen a los otros “traidores a la patria”.

En su novela El desencanto, Woldenberg hace decir al personaje central: Al parecer estamos condenados a seguir alimentando la dinámica de los enfrentamientos desgastantes. La culpa siempre es de los otros y somos incapaces de ponernos en sus zapatos para intentar generar una solución conjunta.

Como escribió Primo Levi, a veces parecemos más sedientos de la ruina ajena que del triunfo propio. (Cal y Arena, 2009, p. 209) Este mecanismo corruptor de la discusión pública está lejos de ser sólo un problema de modales. Es un síntoma, como dije antes, del mal mayor que lo produce: la ausencia de tolerancia, la pasión sectaria, la incapacidad de abrir espacios de discusión y solución de los conflictos.

Llegados al punto en que estamos, la pluralidad deja de ser riqueza, se torna división, insulto, griterío. La democracia deja de servir para lo que sirve, que es incluir la diversidad, y produce exclusiones, se come a sí misma con sus libertades, pone los cimientos de su propia destrucción.