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Extraña, por decir lo menos, la estrategia del gobierno mexicano para acercarse a las fases críticas de las demandas estadunidenses y canadienses por violaciones mexicanas al T-MEC.

La consigna, expresada en decisiones tajantes, de renuncias, despidos y nuevos nombramientos, tiene una sola línea de coherencia: el gobierno de México no quiere tener expertos en la mesa, no al menos en la materia específica del litigio.

Ha echado a todos los que sabían o al menos llevaban tiempo analizando el problema, y ha traído a gente que, de este problema, no sabe gran cosa. La comparación de los currícula de los negociadores estadunidenses y canadienses con los de los mexicanos es muy adversa para estos últimos, una batalla de profesionales contra aficionados, de especialistas contra amateurs.

Es como si México pensara que la negociación real se va a dar en otra parte, no en el terreno de las cláusulas y las reglas del acuerdo comercial, sino en alguna dimensión política que acabará subordinando a los detalles técnicos. La confianza en la lealtad política pesó más aquí que la confianza en el conocimiento y en el dominio de un tema, tema en el que México, por cierto, tuvo prestigio internacional como un país de muy buenos negociadores.

Estamos frente a otro desmantelamiento institucional de la llamada 4T, el desmantelamiento de sus expertos comerciales, lo cual, según los expertos, podría costarnos 20 o 30 mil millones de dólares en compensaciones, y una no desdeñable humillación diplomática, aunque la materia del litigio sea comercial.

El gobierno es consistente en la peor de sus consistencias: el voluntarismo político que se especializa en desdeñar a los técnicos y a los expertos, desoírlos, desfinanciarlos, prescindir de ellos y echarlos de la mesa, como ahora. No parece haber conciencia gubernamental del inmenso costo que ha tenido que pagar el país, y el gobierno mismo, por este voluntarismo político de decidir las cosas desafiando el conocimiento y hasta el sentido común.

Todo indica que la actual fase de negociación del T-MEC será cara para México, una muestra más de que el voluntarismo político que se siente visionario, normalmente no lo es, y no sabe aritmética.