Minuto a Minuto

Nacional El Tribunal no dijo ni pío
Pero lo que no han podido mandar al archivo de la memoria de los mexicanos es que Pío López Obrador se guardó aquellas bolsas de dinero que su hermano, el presidente de la República, dijo que eran para Morena, y un tribunal constitucional a la medida, lo absolvió de lo que, en los hechos, era inabsolvible
Nacional Coordinador de diputados del PT advierte “riesgos” en el Plan B de la reforma electoral
En entrevista, el legislador se pronunció en contra de adelantar al 2027 la consulta de revocación de mandato
Economía y Finanzas El secretario de Hacienda destaca “estabilidad” de México ante “volatilidad internacional”
Edgar Amador Zamora afirmó que México ha mostrado estabilidad y resiliencia, y proyecta para 2026 un crecimiento sólido y sostenido
Deportes La FIFA se une a campaña de sustentabilidad en México para el Mundial 2026
La Profepa lanzó 'Gol por el ambiente', que busca promover acciones y proyectos en favor del medio ambiente en el Mundial 2026
Economía y Finanzas “Nos hace falta crecer”, reconoce Sheinbaum sobre la economía de México
Durante la convención bancaria, Claudia Sheinbaum instó a la banca a que aumente el crédito, especialmente a las pequeñas y medianas empresas

La justicia es un árbol central de la verdad pública. Diluirla, afantasmarla, es diluir y afantasmar un orden fundamental de la vida pública, el orden que tiene que ver con la idea que se tiene de la sociedad en que se vive y de cómo vivir en ella. Donde la verdad judicial es un fantasma, la ley del más fuerte tiende a ser la realidad.

En México, y en otras partes del mundo, no está sólo diluida la verdad judicial, como en el caso de Ayotzinapa, sino la verdad a secas: aquí, bajo el imperio de “los otros datos”; en otros países, por el llamado reino de la posverdad, donde todo puede ser cierto y todo no. Manipular la verdad en investigaciones judiciales, en discursos políticos, en versiones periodísticas, en polarizaciones conspirativas, en batallas de opinión pública, tiene como saldo final la niebla, el desacuerdo y esa invencible incredulidad pública, enervada, exigente y militante, capaz , por otra parte, de creerse cualquier cosa.

Nuestra indignada crédula incredulidad.

Conocemos de antaño el régimen de la posverdad que se ha puesto de moda en el mundo. Es nuestra vieja especialidad: diluir la verdad, mal escudriñarla, descreer de ella, producir versiones encontradas, interesadas, políticamente útiles, conspirativas o delirantes, cuyos contornos tienden a imponerse como parloteo común, como cacofonía pública y, al final del camino, lo afantasman todo, suplantan hechos con rumores, realidades con mitos, y producen una sociedad cuya cabeza está llena de agravios y certezas sobre hechos que en el fondo le son desconocidos. Sólo en una sociedad con esos hábitos mentales puede prosperar un discurso oficial tan ajeno a los hechos como el que se impone a la discusión pública de hoy.

La verdad pura y dura es una señora difícil de alcanzar y de probar, incluso en la ciencia. Pero nadie pide verificaciones científicas para la discusión pública.

Se pide sólo un poco menos de niebla, una ética de la discusión apegada a los hechos, una incredulidad inteligente servida por una información razonable, con los pies en la tierra, y no por la cacofonía fantasmal que va cubriéndolo todo hasta hacer invisible, e increíble, hasta lo que pasa frente a nuestras narices.