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El Estado mexicano está rebasado por la delincuencia organizada. Los hechos y las cifras desde la llegada al poder de AMLO revelan que la estrategia implementada para combatir la criminalidad en el país es fallida. La intención del Presidente de abordar la violencia a través de programas sociales para reducir la pobreza y la corrupción no han rendido los resultados esperados para preservar la paz de los ciudadanos.

En los primeros cuatro meses del año, los homicidios en México alcanzaron un récord, con un incremento de 2.4 por ciento respecto al mismo periodo en 2019. Ni la llegada de la pandemia ha logrado reducir los índices de violencia en el país. En el transcurso de marzo y abril, se registraron casi 6 mil asesinatos.

La realidad es que no existe una verdadera estrategia de seguridad de Estado. El secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo, puede asegurar las veces que quiera que no hay grupo criminal que pueda desafiar a las fuerzas federales. Sin embargo, el operativo fallido en contra de Ovidio Guzmán, la masacre de la familia LeBarón, el alza en feminicidios y homicidios, entre otros, evidencian la incapacidad e ineptitud del gobierno.

Aunado a esto, las muestras de fuerza recientes por parte del Cartel Jalisco Nueva Generación demuestran que los narcotraficantes se sienten empoderados e invencibles ante el gobierno de la 4T. El asesinato del juez federal en Colima, el atentado contra el secretario de Seguridad Ciudadana de la CDMX, la violencia en Guanajuato, las amenazas en contra de funcionarios y los videos difundidos por este cartel indignan a la población.

La respuesta de AMLO es continuar con abrazos y no balazos, a pesar de que todo indica que el país empeora. En lugar de agradecerle a Trump por su comprensión y respeto, debería exigir rendición de cuentas sobre el tráfico de armas provenientes de ese país a manos de los cárteles y reasignar a los elementos de la Guardia Nacional que se encuentran protegiendo los intereses migratorios de Estados Unidos en nuestra frontera norte a combatir la crisis de inseguridad en territorio nacional.

Ya basta con declaraciones banales de que las mamás regañen a los delincuentes y con discursos populistas para desviar la atención de lo que está sucediendo. La seguridad de los mexicanos no es una moneda de cambio con fines electorales. Las medidas de prevención para atacar las causas de la violencia tienen que ir acompañadas de una estrategia de confrontación y fuerza para reducir el dominio de los cárteles.

La respuesta de AMLO es continuar con abrazos y no balazos, a pesar de que todo indica que el país empeora. En lugar de agradecerle a Trump por su comprensión y respeto, debería exigir rendición de cuentas sobre el tráfico de armas provenientes de ese país a manos de los cárteles y reasignar a los elementos de la Guardia Nacional que se encuentran protegiendo los intereses migratorios de Estados Unidos en nuestra frontera norte a combatir la crisis de inseguridad en territorio nacional.

Ya basta con declaraciones banales de que las mamás regañen a los delincuentes y con discursos populistas para desviar la atención de lo que está sucediendo. La seguridad de los mexicanos no es una moneda de cambio con fines electorales. Las medidas de prevención para atacar las causas de la violencia tienen que ir acompañadas de una estrategia de confrontación y fuerza para reducir el dominio de los cárteles.

¿Será coincidencia que aquellos que han actuado en contra de la delincuencia sean los únicos que sufren las consecuencias? Por algo se siente protegido el Presidente, y sin la necesidad de ajustar o modificar su estrategia de seguridad.