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Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no le importan realmente los 2.5 millones de empleos recuperados en mayo pasado y que permitieron la sorpresa de una baja en la tasa de desempleo.

Al republicano solo le importa un trabajo: el suyo.

La resiliencia de la economía estadounidense es una gran noticia para la velocidad que pueda tener la recuperación de ese país. Aunque todavía es muy rápido para cantar victoria con el dato que dio a conocer el viernes el Departamento del Trabajo.

Hay muchos datos positivos inmediatos en ese indicador de desempleo, que pasó de 14.7% en abril a 13.3% en mayo. De entrada, claro, que de las 20 millones 700,000 personas que perdieron su empleo en abril, 2 millones 500,000 encontraron un trabajo remunerado.

Pero también ese freno en la destrucción de plazas laborales y el inesperado incremento en los empleos, aleja a Estados Unidos de un escenario similar a la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado.

No había datos confiables del mercado laboral en aquellos años, pero ciertamente que si ese país hubiera perdido en mayo pasado otros 20 millones de empleos por segundo mes consecutivo habría implicado un escenario apocalíptico.

El dato llevó al éxtasis a los mercados financieros, pero también al presidente en campaña. Sin embargo, todavía es pronto para festejar.

De entrada, los expertos epidemiólogos no tienen claridad del comportamiento del SARS-CoV-2 tras una primera ola de contagios. Incluso, no hay certeza de que ya haya terminado esa primera ronda de transmisión del Covid-19. Porque las manifestaciones callejeras de rechazo a la violencia racista pueden multiplicar los enfermos y con ello la necesidad de un reconfinamiento.

No hay certeza de que el otoño y la temporada de influenza no sean factor de aceleramiento de la transmisión del Covid-19. Y no hay claridad del número de personas que, tras sufrir la enfermedad, puedan ya tener inmunidad temporal.

Pero para Donald Trump nada de eso importa. Lo que él necesita es que en estos poco menos de cinco meses que faltan para las elecciones presidenciales haya suficientes datos como éste para manipular a su base electoral.

Cada estadounidense desempleado es un potencial votante enojado con el gobierno actual. Incluso aquellos que se alimentan del racismo y clasismo de Trump no pueden estar contentos si no tienen una forma de ganar dinero. Podrán esos seguidores de Trump no ser muy sagaces, pero entienden que sin trabajo no hay voto para quien busca la reelección.

Lo que queda claro es que por más capacidad de recuperación que pueda tener la economía estadounidense, no le alcanzará el tiempo a Trump de presumir una recuperación plena que se pueda notar durante los primeros días de noviembre.

Lo bueno es que, si los datos económicos realmente empiezan a mostrar esa mejoría, aunque sea tímida, podría el presidente concentrarse en esa información para su campaña y dejar de lado otros intentos tan peligrosos como populistas como echarles el ejército a los manifestantes o buscar un pleito de dimensiones desconocidas con China.