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El presidente Peña ha iniciado la segunda mitad de su sexenio. Hace tres años, el Presidente estaba acompañado por los tres principales partidos del país. Unidos al PRI en el Pacto por México, el PAN y el PRD habían optado no solo por una agenda de reformas, sino también por una política de consensos sobre una de confrontación. Hoy la situación es muy distinta. Con el respaldo solo de su partido, el Presidente enfrenta ahora a una oposición decidida a marcar distancia con su gobierno.

Ricardo Anaya dijo que no asistía al mensaje presidencial del 2 de septiembre porque el PAN está del lado de la inmensa mayoría de los inconformes con la situación del país. Unos días antes, Carlos Navarrete había dicho que el PRD sería una oposición de izquierda exigente en una nueva etapa del partido marcada por la distancia con el gobierno.

El pacto había dejado solo a Morena en el campo de la oposición. Desde esa posición, Morena debutó con buenos resultados en la pasada elección. El PAN y el PRD, por el contrario, tuvieron un mal desempeño electoral. La lectura en ambos partidos fue que había que alejarse de un gobierno cuestionado y mal evaluado.

Sin el respaldo de una coalición amplia de partidos, ahora el Presidente apunta hacia una nueva estrategia política. Con los cambios en el PRI y en su gabinete busca mantener la unidad dentro del partido y ordenar el juego sucesorio. Con el mensaje contra el populismo y sus riesgos busca aglutinar en torno suyo a todos aquellos que están interesados o creen en las reformas.

La estrategia del Presidente ya no es sumar a todos, sino galvanizar sus apoyos naturales. Aunque en su mensaje dijo que su responsabilidad era avanzar sin dividir, al alertar sobre el populismo definió dos bandos. No me parece que el mensaje haya sido para López Obrador. Pero tampoco para el público en general. Mi lectura es que estuvo dirigido al establishment que tanto podría perder si, movido por la frustración y el pesimismo, no advierte que la alternativa es el populismo.

La sucesión ha comenzado. La época de los consensos quedó atrás. Empieza una nueva etapa de mayor confrontación. El PAN y el PRD han dejado la órbita del gobierno para sumarse a Morena en el campo opositor. Todos ellos han comenzado a definirse de cara a 2018. El Presidente también.