Minuto a Minuto

Internacional Muere turista francés tras quedar varado bajo 47 grados en el Valle de la Muerte en EE.UU.
Pierre Michel Formosa, de 68 años, y otro ciudadano francés quedaron atrapados en el barro mientras transitaban por una carretera de Death Valley, California
Internacional Al menos 329 personas han muerto en el terremoto de Colombia y 247 siguen desaparecidas
El Gobierno colombiano que la cifra de heridos aumentó a 4 mil 600 y la de rescatados se mantuvo en 364
Internacional Petro hará su primer viaje como expresidente a México para asistir a un evento académico
Gustavo Petro llegará a la Ciudad de México el próximo 30 de agosto y permanecerá en el país hasta el 2 de septiembre
Deportes La MLS multa a Messi por su altercado con un jugador del Philadelphia Union
Messi encaró a Sullivan y le llevó una mano hacia la cabeza, antes de la llegada del colegiado para poner orden
Internacional Trump: el actual crecimiento del PIB resolverá el asunto de la deuda “con gran facilidad”
Trump afirmó que heredó la deuda del Gobierno Federal, pero aseguró que el desempeño económico permitirá solventarla

Poco se sabe y nada se dice de que la más antigua de las barajas que se usan hoy en las mesas de juego es la española. Fueron los árabes los que trajeron ese entretenimiento nacido sin duda alguna en China o la India alrededor del siglo diez, en una variedad de juegos que pueden ser de acopio de baza, de reto y apuesta o para descartarse totalmente. Las barajas de los moros tenían cuatro palos: monedas, copas, cimitarras y bastones, que mutaron a los oros, copas, espadas y bastos actuales.

Uno de los muy populares juegos del siglo XIX nació precisamente en México y se llama conquian, sin que nadie pueda explicar la etimología del nombre, aunque su mecánica es igual a la del rummy, por lo que se disputa el origen de ambos entre China y México. Es uno de los juegos de descarte, en los que el que gana es el que se queda sin cartas. Su contrario es mucho más simple, no requiere de combinaciones ni estrategia; se llama guerra y el que gana es el que se queda con la mayoría.

La economía mundial entró cínicamente a jugarse como una partida de esa guerra. En cada ronda, los pocos contendientes que todavía tienen cartas, Estados Unidos, China y tal vez Europa, van lanzando al centro de la mesa su mayor carta, en la forma de los aranceles locos que promete imponer a las importaciones del adversario que lleguen a su tierra.

La última baza llevó a Donald Trump al infame record de 124 por ciento a los productos chinos. Xi Ping se quedó alrededor de cien por ciento para los productos gringos. El comercio entre los dos países ronda los 590 mil millones de dólares al año. China vende mucho más de lo que compra.

Ahí está el secreto de la estrategia comercial lanzada por Trump. Obligar a que las empresas norteamericanas que fabrican, por ejemplo los teléfonos Apple en China, muden sus manufacturas a Norteamérica, como si fuera tan fácil. El mismo principio vale para las compañías automotrices -de cualquier país- que hacen sus vehículos en México a fin de venderlos en el norte y que tienen encima todavía el 25% de arancel muy cacareado.

La opinión generalizada en el mundo es que Trump está blufeando para asustar a todo el mundo; cosa que está logrando, al menos al obligar a 75 países a pedir turno para venir a Washington a negociar, rogar, misericordia mercantil. Algo que en el comercio no existe.

Mientras tanto, una carta mayor sigue a una inferior, en lo de los aranceles amenazantes. La baraja sólo tiene 52 cartones. Algún día, muy cercano, este castillo de naipes tiene que caer. O caemos todos.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Entre los objetivos de Donald Trump para imponerle aranceles a su producción está la farmacéutica, históricamente bien asentada en Europa. Mientras eso sucede, el evidentemente sucio manejo del negocio de las medicinas por parte del gobierno mexicano ya explotó, y el engrudo no deja de hacersele bolas. Alguien tiene que pagar esa multimillonaria vajilla hecha añicos, por Dios.

[email protected]