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Es muy pronto para hacer un pronóstico del impacto que tendrá esta megafusión en México, se han dicho y escrito muchas cosas, pero todo es fantasía…

No den por hecha la fusión AT&T – Time Warner. El Departamento de Justicia de Estados Unidos debe autorizarla y su decisión se dará en un clima de opinión pública adverso a las operaciones que implican concentración en mercados de alto impacto para los consumidores.

Más aun, no den por hecho que la fusión será exitosa. Time Warner ya tuvo un matrimonio fallido y también fue con un billonario. Hace 16 años fue adquirida por AOL y el fantasma de ese fracaso ronda por ahí. Entonces se hablaba de una operación visionaria que definiría el futuro: un generador de contenidos se integraba a una empresa que tenía las carreteras digitales para distribuir y potenciar el valor de los contenidos. Sonaba grandioso, pero nunca funcionó. Falló la ejecución y la industria no estaba lista, dicen los expertos.

En el 2016, todos saben que el futuro implica la integración de empresas de telecomunicaciones y generadores de contenidos. La fusión de AT&T y Time Warner ya no merece el adjetivo de visionaria. Se habla de razonable y lógica, pero falta conocer los detalles. ¿Qué harán para obtener el visto bueno de los reguladores, sin descafeinar el modelo de negocio? ¿Cómo generar rentabilidad en un ecosistema que vive un cambio de época, por la entrada de disruptores? Netflix y otras OTT están cambiando la forma en que se concibe la televisión de paga. WhatsApp acabó con el negocio de los mensajes de texto para las compañías telefónicas. ¿Quién diría, hace apenas dos años que Facebook entraría con tanto éxito en el negocio de las noticias?

La fusión será un éxito, dice el CEO de AT&T, Randall Stephenson, pero los mercados han pasado de la aprobación al escepticismo en menos de tres días. Las acciones del adquiriente AT&T han caído, entre otras cosas porque se considera muy alto el precio de compra. Es 36% superior al valor en Bolsa del día del anuncio. Los títulos de Time Warner subieron mucho cuando se destapó la noticia, pero la espuma bajo después. Preocupan las condiciones que pondrán los reguladores y la falta de información sobre cómo operará. En Estados Unidos, el dueño de los contenidos no puede aprovechar la propiedad de la infraestructura para discriminar a otros competidores.

Es muy pronto para hacer un pronóstico del impacto que tendrá esta megafusión en México. Se han dicho y escrito muchas cosas sobre la amenaza que implica para las empresas que encabezan Carlos Slim y Emilio Azcárraga, pero todo es fantasía. Los reguladores no han dado su aprobación a esta boda y faltan los detalles sobre el plan de negocios para México. AT&T ya cuenta con 10 millones de clientes en el país y los canales de Time Warner tienen una enorme presencia. Pongan en el mapa a otros jugadores como Netflix, Amazon, Google y Facebook para tener una visión más completa.

Una cosa es obvia: la competencia crecerá más rápidamente que el pastel de los ingresos para las empresas participantes. Esto significa menores márgenes de utilidad para las empresas y más opciones para los consumidores. Es el infierno o el paraíso, depende de quien lo mire.