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Nada enoja más a amplios sectores de la clase media mexicana que decir que los efectos de la depreciación del peso frente al dólar han sido limitados en la formación de precios de nuestra economía.

Y si se quiere completar el cuadro del enfado total, basta con añadir que la economía mexicana destaca por su crecimiento con respecto al resto de América Latina y de muchas otras economías emergentes del planeta.

Hay una idea muy extendida de que sólo lo negativo es verdadero, que no puede haber algún dato que raye en la mejora económica sin que se trate de propaganda electoral del gobierno.

Ese pensamiento es alimentado por una descarada oposición que sabe que ante malos resultados propios del gobierno y ante una pobre oferta política, lo mejor es exagerar los desatinos de quienes gobiernan, sin importar que ello le cueste caro al propio país.

La alicaída confianza de los consumidores contrasta con lo que esos mismos encuestados hacen en las tiendas. Hay una idea generalizada de que la economía del país y la familia está en mala condición y que habrá de ponerse peor en el futuro.

Sin embargo, los índices de consumo se mantienen creciendo por arriba de otras actividades, como la producción manufacturera.

La inflación es mejor cuando se mide en la canasta de consumo de cada segmento de la población. Sin embargo, la medición general es una buena fotografía que refleja una compensación entre los precios que sí suben por la depreciación del peso y aquellos productos que sí bajan, como los servicios de telecomunicaciones.

Y ni hablar de las comparaciones internacionales, donde la Comisión Económica para América Latina y el Caribe le pronostican el mejor desempeño de la región a México con una expectativa, ciertamente revisada a la baja, de 2.3% de crecimiento del Producto Interno Bruto este año, contra una contracción del resto de la región de 0.6 por ciento.

Buena parte de la suerte que hoy tiene México para diferenciarse del resto de la región viene del exterior. La liga económica que tiene este país con Estados Unidos es favorable para las expectativas de crecimiento, tanto como las ataduras de muchos sudamericanos con China es hoy su principal lastre externo.

Pero también hay decisiones internas que marcan para bien la economía. Mientras que muchos emergentes son altamente dependientes de los ingresos de la venta de materias primas, México tiene serios problemas por la caída de la producción y precio del petróleo, pero al mismo tiempo tiene una industria manufacturera que hoy exporta más productos de industria que del subsuelo.

Y hay una compensación fiscal de los ingresos perdidos por el petróleo a través del recorte al gasto y el mayor encaje tributario del 2013, a ése al que insisten en llamarle reforma fiscal. Como sea, para la hacienda pública funciona.

La falta de mejora en las condiciones económicas de una parte muy importante de la población es una razón más que fundada para el pesimismo. Pero también hay un componente artificial de quien busca hacerse con el poder dinamitando el ánimo social.

Y es un hecho que el pesimismo económico cierra el círculo vicioso de una economía a la que más trabajo le va a costar levantarse.