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El gran dilema de la elección de junio es si el resultado será a favor de la continuidad o del cambio.

No digo “si los mexicanos elegirán la continuidad o el cambio”, porque los votos de este domingo se emitirán sobre una cancha dispareja, que lleva al menos una porción de fraude e ilegalidad en las entrañas.

No estoy seguro de que el resultado final será la expresión de votos que los mexicanos emitieron y contaron libremente, sino bajo distintas formas de compra, coerción, intimidación o violencia.

Sabremos de qué tamaño fue la parte fraudulenta de la elección, a partir del domingo, aunque la violencia y la coerción contra candidatos son ya un foco rojo en el proceso.

Creo que hay razones de sobra para dudar de la legalidad y la transparencia de estas elecciones. Las resume bien Luis Carlos Ugalde: “El López Obrador de 2006 exigiría la nulidad de las elecciones del López Obrador de 2024”.

Tendremos unas elecciones turbias sobre dos visiones claras pero opuestas del país en que estamos y el que hay que construir.

Las visiones de Xóchitl Gálvez y Claudia Sheinbaum divergen radicalmente. Las candidatas presidenciales se disponen a gobernar países muy distintos.

Para Sheinbaum, “estamos viviendo un momento extraordinario. México ha cambiado profundamente, para bien, en lo económico, en lo político, en lo social, pero también en la consolidación de esta nueva forma de pensamiento, el Humanismo Mexicano basado en nuestra historia y en un profundo sentido de fraternidad”.

Es un país rescatado de sus precariedades, que encontró una nueva forma de seguir su camino hacia el bienestar, y aún hacia la felicidad.

Para Xóchitl Gálvez, estamos en un país donde se van perdiendo tres valores fundamentales de cualquier sociedad civilizada: el valor de la vida, dada la violencia que lo azota; el valor de la verdad, dado el discurso oficial que lo gobierna, y el valor de la libertad, dado el proceso de concentración del poder, militarización y erosión democrática de la presidencia de López Obrador.

Uno de esos dos países es falso. Es evidente cuál. Pero la verdad no es el nombre de este juego.