COVID-19 deja en las sombras miles de muertes colaterales en México
Adela Alcaraz Vargas, quien murió por falta de atención médica ante la pandemia de COVID-19 en México. Foto de EFE

Padecer una enfermedad diferente a COVID-19 ha sido para muchos mexicanos una sentencia de muerte debido a la falta de atención médica luego de que buena parte de los hospitales tuvieran como prioridad atender el coronavirus, dejándolos a la deriva.

Mientras que las autoridades sanitarias están tratando de recopilar datos sobre cuántas personas dan positivo y cuantas mueren a causa del coronavirus, la pandemia ha dejado un número incalculable de muertes en las sombras.

“La gente que ya tenía otras enfermedades antes del COVID-19 no está siendo atendida igual y, al menos en el caso de mi madre, creemos que eso influyó en su muerte”, dice a Efe, Jorge, quien perdió a su mamá el 1 de enero de este año.

Jorge muestra unas fotografías de su madre, Adela Alcaraz Vargas. Foto de EFE

Jorge cuenta que, si bien su mamá ya rebasaba los 80 años y padecía hipertensión y principios de alzhéimer, hasta antes de la pandemia “todavía se veía bien”.

Señala que cuando empezó todo, a finales de febrero de 2020, su madre empezaba a ir al neurólogo. “Fue a dos o tres consultas, pero a la siguiente ya no pudo ir”, lamenta.

Si bien tenía a su médico particular, debido a la pandemia, este solo la atendía a distancia. “Y no es lo mismo”, apunta.

Afirma que la señora también sufría de los nervios y dejó de recibir los medicamentos que la ayudaban a sortear esa situación debido a la crisis del coronavirus.

Según cifras oficiales, la pandemia suma al momento más de 1.7 millones de casos y 146 mil 174 muertos en el país. Este mismo jueves, mientras se aplican las primeras vacunas contra COVID-19 en México, se registró un récord de mil 803 muertos y 22 mil 339 contagios.

Falta de atención

Se estima que entre marzo y octubre de 2020 cerca de 3 millones de personas con alguna enfermedad distinta al COVID-19 no pudieron ser recibidas en urgencias o ser hospitalizadas para tener algún tratamiento o cirugía en los hospitales públicos.

Aunado a ello, también hubo una baja en la detección y diagnóstico de nuevos casos de cánceres, diabetes, enfermedades del corazón, alzhéimer, desnutriciones severas o depresión, las cuales se redujeron entre 20 y 60 por ciento en 2020, según denunció recientemente la Asociación Juntos contra el Cáncer.

“Hemos visto que el Gobierno mostró una estrategia de modificar la funcionalidad de muchos hospitales pero no prestó atención a cómo atender a las personas con otro tipo de enfermedades y estamos viendo las consecuencias en el exceso de mortalidad”, refiere a Efe, Carolina Gómez, epidemióloga y miembro de la Sociedad Mexicana de Salud Pública.

En México, en las primeras 50 semanas de 2020, se registró un exceso de mortalidad de 274 mil 486, 40 por ciento más del esperado. Aunque solo se confirmaron en esas fechas 108 mil 873 muertes a causa de COVID-19, por lo que el resto podría estar relacionado o no con el coronavirus.

Existen casos, como el de Yazmín, una mujer de 36 años que padecía obesidad e hipertensión y, aunque tomaba medicamentos, el seguimiento a su tratamiento se frenó debido a la pandemia.

Además, cerraron el centro de actividades donde se ejercitaba dos veces a la semana, mientras que sus visitas a la clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) donde se controlaba, fueron cada vez más esporádicas.

Eso derivó a que el 17 de enero tuviera un infarto al miocardio en casa que le arrebató la vida.

“Nos dimos cuenta que empezó a tener dificultades para hablar y luego se desvaneció”, rememora Graciela, suegra de Yazmín. Y aunque llamaron a una ambulancia, esta nunca llegó.

Crisis antes y después de la muerte

La situación de la pandemia ha llevado a las familias a vivir momentos angustiantes en el momento de mayor gravedad de sus pacientes, pero también previo y posterior a sus muertes.

Graciela cuenta que, aunque su nuera no padecía COVID-19, ningún médico quiso acudir a su domicilio para auxiliarla. Solo tuvieron una guía a través del teléfono con la que intentaron reanimarla, pero no fue posible.

Lo peor, cuentan tanto Jorge como Graciela, es que tuvieron que mantener los cuerpos de sus familiares en casa entre 12 y 18 horas, porque las funerarias están rebasadas de trabajo.

“No tenían espacio, había que esperar”, revive Jorge.

Miedo a los hospitales

Otro de los problemas que enfrentan las familias es el miedo que tienen a internar a sus seres queridos en los hospitales por miedo a que contraigan COVID-19.

Claudia Figueroa, directora de la Asociación de Pacientes de Cáncer de Tiroides en México (Amecat), asegura que los enfermos padecen ansiedad y miedo de acudir a los hospitales, pues muchos han sido reconvertidos para la atención del coronavirus.

“No quieren ir a sus controles por miedo a infectarse”, afirma.

Diana Morales tenía a su madre con un problema gastrointestinal que empezó a complicarse y derivó en una úlcera.

Aunque previo a la pandemia tenía una consulta clínica cada mes, cuando empezó a crecer el número de contagios se espaciaron las consultas y decidieron que lo mejor era esperar a que se regularizaran.

“Era mayor de 60 años, hipertensa, con obesidad, y hace un año la habíamos hospitalizado en el hospital de La Raza por un problema similar y se infectó de una bacteria. Temíamos que ahora se infectara de coronavirus”, afirma.

La ansiedad que le provocaba a su madre el encierro la llevó a tener desórdenes en su alimentación y elevó a niveles críticos la úlcera, hasta que un día en noviembre esta se reventó.

Aunque intentaron actuar con rapidez, la ambulancia llegó 3 horas después, cuando la señora ya había muerto.

Reprocha que no exista sensibilidad de las autoridades de salud con este tipo de pacientes.

“Nadie debería tener que pasar por esto. Deberían las autoridades prestar más atención a las otra enfermedades que están matando a las personas, además del COVID. Es muy triste”, señala.

Con información de EFE