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Trump recibirá a líderes latinoamericanos afines para consolidar su liderazgo en la región
Foto de The White House

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibirá este sábado 7 de marzo de 2026 en Miami, Florida, a líderes latinoamericanos ideológicamente afines, entre ellos el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele y el chileno José Antonio Kast, en una cumbre destinada a reforzar el liderazgo de Washington en la región.

La cita, concebida para presentar una iniciativa bautizada como el ‘Escudo de las Américas‘, tendrá lugar en el Trump National Doral Miami, un resort con campo de golf propiedad del mandatario que también acogerá a finales de año la Cumbre del G20.

El encuentro, convocado antes del inicio de la guerra con Irán, se produce tras la captura en enero de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en Venezuela y en medio de crecientes tensiones entre Washington y La Habana por el bloqueo energético impuesto a la isla.

Según la Casa Blanca, el objetivo es abordar la seguridad, la inmigración irregular y el crimen organizado en Latinoamérica, además de contrarrestar la influencia de China en el continente.

Han confirmado su asistencia los líderes de Argentina, Javier Milei; de Bolivia, Rodrigo Paz; de Costa Rica, Rodrigo Chavez; de República Dominicana, Luis Abinader; de Ecuador, Daniel Noboa; de El Salvador, Nayib Bukele; de Guyana, Irfaan Ali; de Honduras, Nasry Asfura; de Panamá, José Raúl Mulino; de Paraguay, Santiago Peña; y de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.

También estará José Antonio Kast, quien el próximo miércoles asumirá como presidente de Chile tras ganar la segunda vuelta de las elecciones en diciembre.

Un foro paralelo a la Cumbre de las Américas

Todos ellos son cercanos ideológicamente a Trump. En cambio, no fueron invitados los líderes de las dos mayores economías de Latinoamérica, Brasil y México, gobernados por los progresistas Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, ni el presidente colombiano, Gustavo Petro.

Se trata, por tanto, de una especie de foro paralelo a la Cumbre de las Américas, el encuentro de jefes de Estado organizado desde 1994 por la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuya primera reunión se celebró precisamente en Miami.

Benjamin Gedan, director del Programa de América Latina del Centro Stimson, considera un error excluir a Brasil, México y Colombia, ya que “los tres son muy relevantes por sus desafíos con el crimen organizado y la capacidad avanzada de sus fuerzas de seguridad”.

Añade además que imponer un código ideológico a este foro “implica crear un grupo que cambiará constantemente tras cada elección”.

En cambio, Jason Marczak, del Atlantic Council, sostiene que la región ha acogido con “satisfacción” las prioridades de Washington y señala que Estados Unidos coopera también con países que no participan en la cumbre, como México, incluido el reciente operativo en el que murió El Mencho, el narcotraficante más buscado del país.

El Gobierno de Trump no ha ocultado su deseo de impulsar un viraje a la derecha en la región y ha intervenido activamente en elecciones recientes, como en Honduras, donde respaldó a Asfura, o en las legislativas argentinas, cuando condicionó su apoyo financiero a una victoria del partido de Milei.

La Doctrina Trump para Latinoamérica

Esa política de intervención quedó plasmada en la estrategia de seguridad nacional del segundo mandato de Trump, que apuesta por convertir la región en una esfera de influencia de Washington, en una actualización de la llamada Doctrina Monroe, proclamada en 1823 bajo el lema “América para los americanos”.

La estrategia ha sido impulsada por su secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos que durante su carrera en el Senado defendió una línea dura con los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Bajo ese pretexto, el republicano impulsó durante semanas una campaña de bombardeos contra supuestas narcolanchas en el Caribe vinculadas al Gobierno de Maduro y, finalmente, ordenó el 3 de enero un ataque contra Venezuela que culminó con la captura del líder chavista y de su esposa, Cilia Flores, trasladados a Nueva York, donde afrontan cargos por narcotráfico.

Tras la caída de Maduro, Washington puso en la mira a Cuba y amenazó con imponer aranceles a cualquier país que le suministre petróleo, lo que ha agravado aún más la crisis económica, energética y social de la isla.

Trump anunció negociaciones con La Habana y sugirió la semana pasada una posible “toma amistosa de Cuba”, pero la atención se desvió hacia Oriente Medio cuando Estados Unidos e Israel iniciaron el pasado sábado una guerra con Irán.

La cumbre latinoamericana en el resort de Trump volverá a centrar el foco mediático en el futuro de Venezuela y Cuba.