Las “cuentas secretas” de ex presidentes en el “banco vaticano”

Las “cuentas secretas” de ex presidentes en el “banco vaticano” - Foto de El Ior
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La Sala de Prensa del Vaticano desmintió un reportaje que sacudió a la opinión pública colombiana llamado 'El Expediente'

Alessandro Gisotti, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, informó que ni Cristina Fernández de Kirchner, ni Juan Manuel Santos, ni Luis Inácio “Lula” Da Silva tienen cuenta en el Instituto para las Obras de Religión (conocido coloquialmente como “banco del vaticano”).

Tampoco Evo Morales, Rafael Correa, Raúl Castro, Daniel Ortega o Nicolás Maduro.

Tras un extraño reportaje publicado en Colombia y basado en documentos falsos, Gisotti informó lo siguiente.

“Luego de verificar con las autoridades competentes, puedo afirmar que ninguna de las personas mencionadas en el artículo de El Expediente ha tenido jamás una cuenta bancaria en el IOR, ni la tiene actualmente, ni tiene firma de delegación en cuentas a terceros, ni tendría – bajo las bases de las nuevas normas adoptadas por el Instituto – algún título para acceder a alguna operación en él. Los documentos presentados como prueba son falsos. El IOR se reserva la facultad de emprender acciones legales”, precisó Gisotti en una declaración oficial este viernes 11 de enero.

Con esas palabras, salió a desmentir un reportaje que sacudió a la opinión pública colombiana. El Expediente, un sitio web colombiano cuyo lema es “Periodismo de Investigación”, publicó a mitad de la semana pasada una nota firmada por Gustavo Rugeles y titulada: “La multimillonaria cuenta secreta de Santos en el Banco del Vaticano”.

Una lectura de ese texto, preliminar y con ojo crítico, dejaba al descubierto evidentes lagunas. Eso, incluso, antes de la desmentida vaticana. De entrada confunde el IOR con el Banco Ambrosiano, dos instituciones totalmente distintas. El segundo era un banco italiano que quebró en los años 70 y donde, sí, el Vaticano tenía acciones. El primero es un instituto de depósito que siempre operó dentro de los límites de la Santa Sede.

Sin presentar una sola fuente verificable, el informe asegura que el ex presidente colombiano, Juan Manuel Santos, tiene una cuenta en el IOR con más de 390 millones de dólares. Todo se basa en una “prueba reina”: un supuesto documento de depósito del mismo “banco vaticano” que contiene algunos errores que son propios de un papel apócrifo.

Un ejemplo: en una de sus columnas el módulo pide el “numero banconote” (es decir, el “número de los billetes”, en idioma italiano). Pero el autor del documento confunde ese apartado con el espacio donde colocar el número de cuenta que tendría a su nombre Santos en el instituto vaticano (001-3-16764). Un muy básico error de traducción, que jamás sería cometido por un funcionario del IOR porque, simplemente, resulta imposible. Además, extrañamente, el supuesto depósito se repite hasta 12 veces, algo incomprensible.

Luego, más abajo, aparece la supuesta firma de Santos ubicada fuera de los recuadros correspondientes y a pocos centímetros de otro autógrafo, de un supuesto funcionario vaticano. A ojo desnudo, cualquiera puede observar que ambas firmas tienen un rango de definición completamente distinto, debiendo sembrar, en cualquier periodista, la duda. Luego, a través de Twitter, usuarios diversos publicaron supuestas cartas del mismo IOR escritas en español y que hacen referencia a una “tasa de interés del 9 % anual”.

Cualquier cliente de ese instituto sabe que sus comunicaciones son todas en italiano y que, por su naturaleza, ese ente no ofrece rendimientos ni tasas de interés. Es un instituto de depósito que no tiene servicio en cuentas de cheques, ni maneja carteras de inversión, ni da préstamos. Eso es fácil de comprobar, incluso para un periodista.

Por eso, el vocero vaticano no tuvo duda en calificar como falsos los documentos exhibidos y anticipó acciones legales. Aunque, esta declaración, podría paradójicamente alimentar el círculo de la sospecha ya que, para algunos internautas, la desmentida “demuestra que hay algo oculto”. En esos términos jamás existirá una posibilidad real de conocer la verdad porque, para los amantes de las teorías conspirativas, cualquier aclaración siempre está destinada a esconder algo.

Los dichos de Gisotti constituyen la primera reacción oficial del Vaticano a una enorme “fake news” que empezó a fraguarse hace unos meses atrás en Argentina y se convirtió en una verdadera bola de nieve, difícil de parar y casi imposible de contrarrestar, por esos extraños mecanismos de la información libre en internet.

En esta historia casi nada es verdadero. Lo más sorprendente es que, como ocurrió en Colombia, también en el país natal del Papa muchos incautos cayeron en la trampa de darle crédito a la fabulación. Incluso periodistas, que llegaron a dar espacio a la supuesta revelación “bomba” sobre el Vaticano, sin verificar los datos con una segunda, tercera o cuarta fuente.

A última hora de este viernes 11 de enero, la noticia de El Expediente ya había alcanzado casi 100 mil visitas, 58 mil 400 compartidas en redes sociales y 46 mil 900 “me gusta” en Facebook. Incluso después de la desmentida vaticana que ese portal no publicó, ni refirió en modo alguno.

Una de las claves del origen de esta historia es Jorge Sonnante, personaje argentino que se presenta como diácono de la Iglesia católica. En los últimos meses, él se convirtió en un insistente denunciador del Papa Francisco en las redes sociales, con un objetivo concreto: señalarlo como corrupto. Acusaciones graves, jamás sustentadas por elementos creíbles.

Verificaciones realizadas en Roma y en Buenos Aires por el Vatican Insider con, al menos, siete fuentes distintas (todas ellas del entorno eclesiástico), confirmaron numerosas incongruencias en sus relatos. Según acreditaron fuentes de primer nivel nunca fue ordenado diácono permanente, como sostiene en público y en privado. Es cierto, en tiempos del cardenal Antonio Quarracino como arzobispo de Buenos Aires estuvo por casi dos años en el seminario, pero luego fue invitado a abandonarlo en un contexto turbulento.

Él sostiene que dejó los estudios religiosos en 1995 para “trabajar en la Secretaría de Estado (del Vaticano) desde afuera”, pero jamás pudo acreditarlo. Ni explicar si y cuándo vivió en Roma o Buenos Aires. En alguna entrevista periodística llegó a afirmar que residió en la capital italiana entre 2013 y 2015, pero en esos mismos años aparece en su país como coordinador nacional del Movimiento Indignados Argentina del desconocido Frente Partidario Dignidad. En otro tiempo supo ser el “candidato de la gente” en el Partido Dignidad Republicana.

También afirmó que el nuncio apostólico en la capital argentina (en ese tiempo Ubaldo Calabresi) le habría comisionado una investigación secreta sobre el atentado terrorista de 1992 en la embajada de Israel, para luego reconocer que, en ese tiempo, él apenas superaba los 18 años.

En agosto de 2018 se hizo famoso por hablar en las redes sociales la supuesta “ruta del dinero K al Vaticano”. Lo hizo dibujando en un papel un gráfico de personas y relaciones sin mayor sustento informativo. Pero dio la impresión de haber sacado a la luz un “sistema secreto” de corrupción. Tomó informaciones fragmentarias de internet y las citó, para dar un barniz de credibilidad a sus afirmaciones.

En esos días varios periodistas quisieron profundizar y lo contactaron, pero en cuestión de horas desestimaron sus relatos por inconcluyentes. Desde este sitio web se le hicieron llegar preguntas que jamás respondió, excusándose siempre en la necesidad de mantener el secreto.

Entonces, como ahora, todo aquel que cuestionaba sus afirmaciones (incluso en las mismas redes sociales) era tachado de “cómplice”, “kirchnerista”, “infiltrado” o poco más. Un añejo truco de justificación desde el victimismo y las teorías del complot. Con toda seguridad, a este reportaje del Vatican Insider se le aplicará el mismo mecanismo, que será usado para distraer y evitar respuestas a preguntas incómodas.

Este es, de hecho, el núcleo de toda la discusión. Si existiesen pruebas sólidas, cualquier gran periódico estaría más que interesado en publicarlas. Los escándalos en torno a las finanzas del Vaticano han existido, y la Santa Sede no ha podido evitar que salgan a la luz. Numerosos cronistas los han documentado (también en este espacio) y con acceso a pruebas exclusivas.

Pero la historia de los presidentes latinoamericanos que mandan millones de dólares al banco del Vaticano no ha encontrado ninguna confirmación en la realidad. Incluso después de numerosas verificaciones.

Según Sonnante, el dinero de los políticos habría sido enviado a Roma a través de “baúles diplomáticos” que llevan el emblema de la Cruz Roja. Pero el comité de esa organización ya desmintió la veracidad de un video que circula por internety usurpa su logotipo para colocarlo sobre unas cajas de tipo militar. El mismo supuesto diácono reconoció, en uno de sus tuiteos, que ese video no era realmente lo que él había visto en el Vaticano pero que, en otra entrevista, dijo no haber visto él mismo sino un obispo del cual, claro, nunca quiso dar nombre.

En su cuenta de Twitter muy a menudo publica cartas, documentos y papeles de todo tipo pretendidamente relacionados con el Vaticano. Todos rigurosamente falsos. Como una supuesta carta que lo designa “asesor papal” de Francisco, u otros tantos que muestran sellos de la Secretaría de Estado, en italiano, cuyas inscripciones llevan errores ortográficos. De la misma manera, Sonnante anunció en las redes que había publicado un libro del título: “Francisco corrupto”. Pocos días después la editorial supuestamente responsable, Piedra Papel Libros, lo acusó de apropiación indebida de marca y desmintió todo.

Con todos estos antecedentes, una pregunta queda en el aire: ¿cuál es el objetivo final de toda esta fabulación? La respuesta parece estar contenida en la nota de El Expediente y tiene que ver con un intento por manchar el nombre del Papa: “No ha sido una simple casualidad la intromisión del santo padre en los asuntos políticos, su impulso al proceso entre Santos y las FARC, su silencio frente a los corruptos gobiernos de izquierda de la región y el genocidio de hambre provocado por Nicolás Maduro en Venezuela; un silencio que solo se romperá cuando nuevamente salga humo blanco”.

Con información de Andrés Beltramo Álvarez

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