La tentación reeleccionista: Daniel Zovatto

Los intentos del presidente paraguayo Horacio Cartes de reformar la Constitución de su país para habilitar la reelección inmediata y poder aspirar a un segundo período consecutivo provocaron hace poco una grave crisis política, que acaba de cerrarse con la reciente renuncia, expresa y por escrito, del propio Cartes a ser candidato presidencial para el quinquenio 2018-2023 y con la decisión de la Cámara de Diputados de no seguir con el tratamiento de la enmienda constitucional.

Lastimosamente, no es un hecho aislado. En Bolivia, en 2015, el presidente Evo Morales se declaró “esclavo del pueblo” y apoyó una reforma impulsada por el Congreso (donde tiene mayoría) que lo autorizaba a postularse en 2019 una vez más a la presidencia. Sin embargo, su objetivo se frustró, pues perdió el referendo celebrado en febrero de 2016. Pese a esta derrota, Morales volvió a manifestar su deseo de seguir buscando mecanismos que le permitan aspirar a un nuevo período.

Foto de @AgenciaTelam

Estos dos casos forman parte de una tendencia regional prorreelección que viene cobrando fuerza. En efecto, si bien Latinoamérica ingresó a la democracia (en el marco de la Tercera Ola) con una orientación claramente antirreeleccionista, la situación cambió a partir de la década de 1990.

La primera corriente de reformas fue favorable a la reelección inmediata y estuvo impulsada por Alberto Fujimori en Perú (1993), Carlos Menem en Argentina (1994) y Fernando Henrique Cardoso en Brasil (1997). Luego, otros presidentes introdujeron reformas similares para mantenerse en el poder.

Una segunda ola de reformas, liderada por Hugo Chávez, tuvo como objetivo pasar de la reelección inmediata a la indefinida. Chávez fue el primer presidente, en 2009, en lograr aprobar una reforma de este tipo. Los años 2014 y 2015 fueron semilleros de noticias en materia de reelección.

En la República Dominicana, se reimplantó en 2015 la reelección inmediata, lo que le permitió al presidente Danilo Medina presentarse de nuevo en las elecciones de mayo de 2016 y ser reelegido. Otros dos países se movieron en direcciones extremas.

Nicaragua eliminó en 2014 el impedimento constitucional que existía y ahora permite la reelección indefinida. En noviembre de 2016, Daniel Ortega fue reelegido por segunda vez consecutiva.

Foto de archivo

Colombia, en sentido contrario, a propuesta del presidente Juan Manuel Santos, prohibió en 2015 la reelección presidencial. Por su parte, en Honduras, a inicios del 2016 la Corte Suprema de Justicia declaró inaplicables los artículos de la Constitución que prohibían la reelección presidencial.

Posibilitó así que el actual presidente, Juan Orlando Hernández, aspirara a su reelección consecutiva en noviembre próximo.

También cabe citar el caso de Ecuador, país en el cual el presidente Rafael Correa apoyó una reforma constitucional dirigida a permitir la reelección indefinida (la cual fue aprobada en 2015), si bien luego decidió no presentarse a la re-reelección en las pasadas elecciones de febrero.

Como resultado de todas estas reformas, 14 de los 18 países de la región permiten la reelección, aunque con modalidades diversas: alterna (Chile, Uruguay, Panamá, Perú, Costa Rica, El Salvador), consecutiva (Argentina, Bolivia, Brasil, Honduras y República Dominicana) e indefinida (Venezuela, Nicaragua y Ecuador).

Sólo México, Guatemala, Paraguay y Colombia no la admiten.

Cuestión de poder, la reelección (sobre todo en su modalidad consecutiva o indefinida) es un instrumento muy apetecido por los políticos latinoamericanos debido a su alta eficacia para mantenerse en el poder. Por ello, todas las reformas prorreelección consecutiva o indefinida fueron hechas con nombre y apellido desde el poder y para beneficiar de forma directa e inmediata a su impulsor.

Desde 1978 hasta la fecha, sólo un presidente que modificó la Constitución para reelegirse no lo logró: Hipólito Mejía en la República Dominicana. La experiencia de las últimas décadas evidencia asimismo el alto impacto de la reelección para mantenerse o regresar al poder. A la fecha, la mitad de los 10 presidentes latinoamericanos en funciones de América del Sur llegó al poder vía reelección: Tabaré Vázquez en Uruguay y Michelle Bachelet en Chile (modalidad alterna), y Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Juan Manuel Santos en Colombia (modalidad consecutiva).

Dilma Rousseff también logró ser reelegida, pero fue depuesta mediante juicio político en 2016.

Mi opinión

Todo parece indicar que en la mayoría de las elecciones que tendrán lugar en América del Sur en los próximos años (Chile en 2017; Brasil, Colombia, Paraguay y Venezuela en 2018; y Argentina, Bolivia y Uruguay en 2019), la reelección en sus diversas modalidades mantendrá plena vigencia. A la fecha, varios expresidentes anunciaron su deseo de intentar regresar (Sebastián Piñera en Chile, Lula da Silva en Brasil) o de mantenerse en el poder (Evo Morales en Bolivia). Eso sí, el nuevo ciclo económico, social y político-electoral que vive la región sin dudas impactará en materia de reelección como ya lo viene haciendo en relación con el balotaje, lo cual provocó que por primera vez el 60 por ciento de los actuales presidentes de América del Sur haya tenido que ser elegido en segunda vuelta y, en varios casos, por diferencias muy estrechas.

Por Daniel Zovatto