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El Rey no abdica: Chaves cambia de despacho, no de poder
AME9522. SAN JOSÉ (COSTA RICA), 05/05/2026.- El presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves (i), saluda junto a la presidenta electa, Laura Fernández, este martes durante la presentación del nuevo gabinete en San José (Costa Rica). Chaves, será el ministro de la Presidencia y de Hacienda del Gobierno entrante, anunció Fernández, quien comenzará su gestión el próximo viernes. EFE/ Jeffrey Arguedas

Por Daniel Zovatto

Director y editor de Radar Latam 360

Costa Rica acaba de presenciar algo que no tiene precedente en su historia republicana. Hoy, la presidenta electa Laura Fernández — quién asumirá este viernes 8 de mayo—, anunció su gabinete y el nombre que concentró todas las miradas fue el de su propio mentor: Rodrigo Chaves Robles, el presidente saliente, asumirá como ministro de la Presidencia y de Hacienda del nuevo gobierno.

No es una transición. Es una metamorfosis del poder. Es la crónica de una sumisión anunciada.

La designación de Chaves es inédita: jamás antes un gobernante había ocupado un puesto de este nivel tras finalizar su mandato. Y sin embargo, ocurrió.

El hombre que gobernó Costa Rica durante cuatro años no abandona el Estado; simplemente cruza el pasillo de un despacho a otro, llevando consigo las riendas del presupuesto nacional, la coordinación del gabinete económico y el control de la maquinaria política del Ejecutivo.

Se trata de una concentración de poder inédita que lo posiciona como el principal operador político y económico del nuevo gobierno, consolidando su influencia más allá de su mandato constitucional.

La paradoja de esta diarquía es difícil de ignorar: Laura Fernández fue designada ministra de la Presidencia por Rodrigo Chaves. Ahora, Chaves será ministro de la Presidencia bajo las órdenes de Fernández. Es decir, Fernández retorna a ser subordinada de Chaves, tras el resultado de las elecciones nacionales de 2026. Renunció al cargo el 31 de enero de 2025 con fines electorales, y retorna al puesto prácticamente un año después. El círculo se cierra con perfecta geometría: ella fue su asesora y ministra, él la impulsó a la presidencia, y ella lo convierte ahora en la columna vertebral de su gobierno.

Una diarquía donde el Rey no abdica, sino que se corona de nuevo bajo otro título, y la princesa reina con su bendición.

Pero hay una dimensión que va más allá de la concentración de poder político y económico: la de la impunidad.

Con la confirmación de que Chaves fungirá como ministro de la Presidencia y de Hacienda para el periodo 2026-2030, y además tendrá a cargo la Dirección de Inteligencia y Seguridad (DIS), este mantendrá el beneficio de inmunidad, que lo protege de cualquier denuncia penal en su contra. Esto implica que Rodrigo Chaves no sería procesado por la vía penal ordinaria por las más de 60 causas en su contra. En su lugar, estas deberán tramitarse ante la Fiscalía General de la República y, para avanzar, requerirán el levantamiento del fuero.

Cualquier investigación en su contra requerirá una solicitud ante la Asamblea Legislativa para el levantamiento de su fuero, ahora en condición de ministro. En 2025, esa solicitud fue planteada tanto por la Corte Plena como por el Tribunal Supremo de Elecciones. La única forma de que se avance en las investigaciones es que el Congreso, por 38 votos, decida quitarle la inmunidad, lo cual es poco probable si se considera que la bancada oficialista es de 31 diputados.

El caso “BCIE”, las investigaciones por beligerancia política, el presunto financiamiento electoral irregular, el tráfico de influencias: numerosas causas acumuladas quedan en suspenso otros cuatro años. La justicia, en Costa Rica, deberá seguir esperando.

En mayo del año pasado, tras una breve visita al país, escribí un artículo cuyo título hoy resuena con fuerza renovada: Algo huele mal en Costa Rica. Señalaba entonces que las elecciones de 2026 no serían una elección más, sino la definición del tipo de régimen político que los costarricenses deseaban preservar: uno basado en instituciones sólidas, libertades civiles y equilibrio de poderes, o uno sustentado en el poder concentrado de una figura personalista con tentaciones autoritarias.

Los ticos votaron. Y el resultado es este: un expresidente que no se va, una presidenta que gobernará bajo su sombra, y unas instituciones y una ciudadanía que deberán demostrar, en los próximos cuatro años, si aún tienen la fortaleza para resistir esta combinación peligrosa de personalismo, populismo y excesiva concentración de poder. No en vano Chaves admira tanto al régimen de Bukele.

La pregunta que hice en aquel artículo sigue en el aire. Pero la respuesta, hoy, huele más fuerte que nunca en mi querida Costa Rica.