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El G20: Un Pilar del Orden Mundial en la Encrucijada
Foto de EFE.

El G20, que reúne a las principales economías del mundo, representa el 85% del PIB global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional.

Estas cifras reflejan su peso económico y demográfico, convirtiéndolo en un espacio clave para abordar los grandes desafíos globales. Sin embargo, la cumbre de 2024 en Río de Janeiro, marcada por transiciones políticas y tensiones internacionales, evidencia las fracturas de un sistema multilateral que enfrenta su mayor prueba de relevancia en décadas.

Un foro esencial en un mundo dividido

El G20 está compuesto por 19 países y 2 organismos regionales: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía, además de la Unión Europea y, recientemente, la Unión Africana. Juntos, estos miembros concentran la mayor parte de la actividad económica y comercial global, lo que refuerza su capacidad para influir en las decisiones más críticas para el planeta.

Desde su creación en 1999 como un foro de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales, el G20 ha demostrado ser un actor central en la gestión de crisis económicas y financieras, como durante la crisis global de 2008. Sin embargo, en las últimas décadas, su agenda se ha expandido para incluir temas como el cambio climático, la salud global y la igualdad de género, reflejando la necesidad de respuestas integrales a los desafíos globales.

La edición 2024, bajo el lema “Construyendo un mundo justo y un planeta sostenible”, pone en el centro problemas estructurales como el hambre, la pobreza y la desigualdad. Brasil, como anfitrión, lidera con iniciativas como la Alianza Global Contra el Hambre y la Pobreza, buscando movilizar recursos y conocimientos para combatir estas problemáticas de forma colectiva.

El multilateralismo en crisis

La Cumbre de Río será testigo de momentos políticamente cargados, como la despedida internacional de Joe Biden, quien busca consolidar un legado basado en la cooperación global, y la llegada de Javier Milei, un líder que desafía el enfoque tradicional del G20. Este contraste ilustra la tensión entre dos visiones: una basada en el multilateralismo y otra que privilegia el nacionalismo y el bilateralismo.

Además, la ausencia de Vladímir Putin, debido a la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, y las tensiones entre Estados Unidos, Europa y Rusia por la guerra en Ucrania reflejan la fragmentación del sistema multilateral. El regreso de Donald Trump, con su enfoque de “América Primero”, genera incertidumbre sobre la capacidad del G20 para alcanzar consensos en este contexto polarizado.

Brasil, protagonista en la escena global

La presidencia brasileña del G20 marca un regreso simbólico de América Latina al centro de la diplomacia global. Lula da Silva busca reposicionar a Brasil como un líder internacional, promoviendo una agenda progresista que aborde tanto las desigualdades como la sostenibilidad. No obstante, el primer cara a cara entre Lula y Milei, tras las críticas públicas del argentino hacia el mandatario brasileño, añade un componente de tensión a la cumbre.

Pese a las diferencias ideológicas, ambos comparten la urgencia de avanzar en el acuerdo Mercosur-Unión Europea, un pacto crucial para sus respectivas economías. Este enfoque pragmático podría demostrar que, incluso en un entorno polarizado, el G20 sigue siendo un espacio para la construcción de acuerdos.

El futuro del G20

El G20 enfrenta el desafío de demostrar que puede ser más que un foro de diálogo. Para mantener su relevancia, debe avanzar hacia acciones concretas que respondan a las necesidades globales. Iniciativas como la Fuerza de Tarea Contra el Cambio Climático son pasos en la dirección correcta, pero se requiere un compromiso real de los países miembros para superar intereses nacionales y priorizar soluciones colectivas.

En un mundo donde las crisis globales —climáticas, económicas y políticas— se entrelazan, el G20 sigue siendo indispensable. Sin embargo, su eficacia dependerá de su capacidad para adaptarse a un entorno multipolar y fragmentado. La cumbre de Río será una prueba decisiva de su relevancia en el siglo XXI.

El G20 no solo representa la mayoría del PIB y el comercio mundial, sino también la esperanza de que el diálogo y la cooperación puedan prevalecer en tiempos de incertidumbre. Río de Janeiro podría ser el escenario donde este foro revalide su propósito o quede atrapado en el estancamiento. El mundo estará observando.

Autor: Joaquín Estefanía

El País, España.