¿Quién era Catalina Creel?

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Catalina Creel se convirtió en un personaje icónico de la televisión mexicana pero su impacto en la sociedad mexicana trasciende

A mediados de los 80, hubo un intento en la televisión mexicana por crear nuevas historias en las telenovelas y salirse, aunque fuera por un momento, del melodrama tradicional.

Así, hicieron su aparición telenovelas como “El Padre Gallo”, protagonizada por Ernesto Gómez Cruz, o “Pobre Juventud”, en la que participaba un elenco de jóvenes y prometedores actores, pero la que provocó la mayor atención de la audiencia, inclusive de aquel segmento que no solía ver este tipo de programas, fue: “Cuna de Lobos”.

Esta telenovela, que fue también la primera que tuvo una gran campaña de promoción previa a su estreno, rompió todos los récords de audiencias y, en su capítulo final, logró paralizar las actividades en diferentes lugares del país y hasta se se ganó las primeras planas de diferentes periódicos de circulación nacional.

Pero lo que fue más memorable de “Cuna de Lobos” fue la villana de la historia, que se convirtió también en la protagonista de la historia y en un personaje inmortal de la televisión.

Una mujer muy muy muy mala

Transmitida en el horario nocturno estelar del canal 2, entre octubre de 1986 y junio de 1987, “Cuna de Lobos” abordaba temas hasta entonces poco tratados en la televisión mexicana, por ejemplo, el engaño de un hombre (Alejandro Camacho) a una mujer (Diana Bracho) para embarazarla y quedarse con su hijo con el fin de hacer parecer que era el hijo de él y su esposa (Rebeca Jones). Complicado, pero crudo.

El personaje principal que impulsaba y toleraba esa conducta de su hijo era Catalina Creel, interpretada por la actriz María Rubio, y que al inicio de la trama había envenenado a su esposo, Carlos Larios (Raúl Meraz) quien, por cierto, muere en una escena de acción también nunca antes vista en la televisión mexicana.

Esta villana, además de regalar grandes monólogos con frases como “yo perdono, pero no olvido”, tenía como característica principal el uso de un parche en su ojo derecho, el cual siempre estaba hecho con la misa tela del vestido que portaba en cada escena.

Pero el parche sólo lo usaba para fingir que no tenía ese ojo, ya que así lograba infundirle esa culpa a su hijastro (Gonzalo Vega).

De hecho, la trama de “Cuna de Lobos” inicia cuando Catalina Creel es descubierta por Carlos Larios y la amaga con el divorcio y el cambio de testamento debido a su mentira.

En 170 capítulos, Catalina Creel mató a ocho personas, entre ellos policías, que se interponían en sus planes, pero al final, por una amarga coincidencia, también terminó asesinando a su propio hijo.

Las escenas de los asesinatos y de sus fechorías eran tan oscuras que rayaban en lo cómico, pero siempre generaba expectación ver cómo utilizaba un “spray americano para combatir maleantes” o cómo arrojaba una podadora a una alberca para electrocutar a su enemigo o cómo iba a la cerrajería para fabricar una llave que había copiado en una barra de jabón.

Al término de todo, Catalina Creel pierde la vida arrepentida, pero en la última escena de la trama, que también es única en la televisión mexicana, un final abierto sugiere que su memoria se extenderá a través de su nieto.

El ‘papá’ de Catalina

Las maldades de Catalina Creel provienen del escritor mexicano Carlos Olmos, un dramaturgo que tuvo éxito en los 70 con obras de teatro y que incursionó en la televisión con un género de telenovelas que funcionaron muy bien a finales de esa década en las que se abordaban mensajes como la violencia doméstica o la planificación familiar, proyectos que tuvieron también un importante impacto social y arrojó resultados positivos.

Un par de años antes de Cuna de Lobos, Olmos ya había innovado en el género con la telenovela “La Pasión de Isabela”, un drama ambientado en la Ciudad de México de los años 40 y protagonizada por Ana Martin y Héctor Bonilla.

Pero “Cuna de Lobos” fue prácticamente su obra maestra. En ese entonces, un sistema que empezaba a funcionar en las telenovelas (y que permanece hasta la fecha, aunque es menos común) era escribirlas y grabarlas sólo unos días u horas antes de que salieran al aire, y así se podía medir el éxito que tenían algunos personajes o tramas para asegurar un buen rating.

Así que al ver el éxito de Catalina Creel, Carlos Olmos, junto con el productor de esta telenovela, Carlos Tellez, escribía toda la trama alrededor de la villana, la cual hacía cada vez cosas más ridículas, pero que estaban tan bien presentadas en el guión y en la realización que parecían verdaderos actos malévolos.

Tanto Olmos como Tellez solían divertirse hasta la risa mientras creaban estas escenas a las que María Rubio daba vida de manera magistral.

De hecho, a pesar del éxito de Catalina Creel, el duelo de actuaciones del resto del reparto era impresionante, ya que todos tenían ya una importante experiencia en televisión, cine y teatro; sin embargo, en esa época trascendió que eso derivó a un juego de egos que incluso impactó en decisiones como quién merecía el crédito principal o la exigencia de aparecer más tiempo a cuadro.

El final

Esta telenovela está llena de curiosidades, por ejemplo, en ese entonces y en todas las repeticiones que ha tenido esta telenovela, el capítulo final está incompleto, y es la primera vez que se hizo música original para absolutamente todas las escenas, tarea que corrió a cargo de Pedro Plascencia Salinas, hijo de la actriz Carmen Salinas.

Pero el capítulo final logró altos índices de rating la noche de su transmisión, a las 21:00 h del viernes 5 de junio de 1987. La última escena (con la famosa frase “Yo no soy Braulio, soy el pequeño Edgar”) se retransmitió en los noticiarios nocturnos de Jacobo Zabludovsky y Guillermo Ochoa que le seguían en la programación e, inclusive, el episodio completo se retransmitió al mediodía del domingo siguiente.

Bueno, la repetición del episodio final y un pequeño resumen de los últimos capítulos que se programó a las 12:00 h de ese domingo 7 de junio en el canal 2 se debió a que en otra televisora, la entonces gubernamental Imevisión y antecesora de TV Azteca, se transmitió la final del futbol mexicano entre Chivas y Cruz Azul (que, por cierto, ganaron los de Guadalajara). Eran los inicios de lo que en la próxima década se bautizaría como “La Guerra de las Televisoras” y que también tendría como protagonista una telenovela: “Mirada de Mujer”.

Así que la memora de Catalina Creel permanece más de 30 años después y ahora la recordamos tras la muerte de la actriz que le diera vida: María Rubio.

Por Carlos Tomasini (@carlostomasini)

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