¿Quién le puso nombre al Estadio Azteca?
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El escenario más importante del futbol mexicano, y también de parte del futbol mundial, es el Estadio Azteca. Pero, ¿sabe usted por qué lleva este nombre?

Le podemos adelantar que se lo dio un guanajuatense.

Un nuevo estadio en la Ciudad de México

A inicios de los 60, Emilio Azcárraga Milmo planteó la necesidad de construir un gran estadio que cubriera la demanda que empezaba a tener el futbol en la Ciudad de  México, en donde espectáculos como la lucha libre o las corridas de toros también experimentaban un importante crecimiento, el cual había dado paso a la apertura de imponentes escenarios, como la Arena México y la Plaza de Toros México.

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Así, en el verano de 1962, se colocó la primera piedra del que sería el estadio más moderno del mundo con capacidad para más de 100,000 personas y que merecía un nombre igual de espectacular que su arquitectura, creada por el mexicano Pedro Ramírez Vázquez.

El concurso

Para bautizar este gran estadio, que se construiría en los ejidos de Santa Ursula, se convocó a un concurso público que fue ampliamente difundido en prensa, en radio y televisión (que vivía sus primeros años) para que, con apoyo del Servicio Postal Mexicano, la gente enviara cartas con sus respectivas sugerencias.

La forma en la que se eligió el nombre ganador varía en diversos registros. Unos dicen que se seleccionaron algunos nombres para después votar por el mejor. Otra versión, que es la más difundida, señala que se seleccionó como ganador el nombre que tuviera más menciones.

El ganador

Lo que sí se sabe es que quien se llevaría el premio –que consistía en los derechos para usar dos plateas durante 99 años– sería quien hubiera escrito la primera carta que se había recibido con el nombre ganador.

De esta manera, el ganador oficial del concurso fue Antonio Vázquez Torres, quien escribió desde León, Guanajuato.

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Y fue así como un guanajuatense bautizó al Estadio Azteca, que fue inaugurado en 1966 y que, durante un muy breve lapso, llevó también el nombre de “Guillermo Cañedo”, pero esa es otra historia.

Con información de Carlos Tomasini